Así es Luciana. “Los que no tienen hijos ignoran muchos placeres, pero también se evitan muchos dolores” comenta Gloria Rodríguez cuando oye hablar a alguien de este tema.
Y es que en materia de hijos existen muchas opiniones contrarias, mujeres como Gloria piensan que sería difícil imaginarse la vida sin su hija y otras en cambio piensan que su vida sería más fácil, si no los hubieran tenido. Normalmente estas opiniones se deben al resultado de la crianza de los hijos o de los logros o fracasos que estos han obtenido, pero para Gloria es diferente…
Cambio de vida
Cuenta Gloria que cuando ella tenía veinte años quedó embarazada de su novio, en ese momento su vida estaba más o menos organizada, asistía al SENA donde estudiaba Secretariado Ejecutivo y vivía aún con su familia.
Después de la inesperada noticia y del apoyo incondicional que recibió de sus padres, lo que seguía en su vida era hablar con su novio Mauricio para saber cuales eran los planes que él tenía.
Luego de una larga conversación entendió que lo que menos quería Mauricio era ser papá, inclusive, hubo propuestas para interrumpir su embarazo. Gloria, católica por herencia y convicción, las despreció de tajo y asumió la posición que miles de mujeres adoptan en esta clase de situación: Criar a sus hijos solas.
Nuevo camino
Este nuevo camino trajo muchos cambios para Gloria, el primero de ellos era entender que ya no estaba sola que otra vida dependía de ella, esta realidad para una mujer independiente es difícil de afrontar. El segundo, que tenía que trabajar para mantenerse ella y a su nuevo bebé, pues el apoyo que le habían ofrecido sus padres no era económico.
De frente y contemplando los pro y los contra de su situación, decidió salirse de estudiar y ponerse a trabajar. En esta nueva odisea de conseguir trabajo en Colombia, no le fue tan mal, la contrataron como asistente del contador de una pequeña empresa de arepas de Medellín.
Allí contó con el apoyo de casi todas sus compañeras de trabajo que habían vivido una situación similar, se convirtió en muy poco tiempo en la consentida de todas y su bebé ya contaba con varias tías.
Nació Luciana
Luego del nacimiento de su hija Luciana y de pasar por la incapacidad laboral, volvió a su trabajo. Un día en la salida de la empresa la estaba esperando Mauricio, cuando ella lo vio sintió tristeza, rencor y en el fondo asomaba ese profundo amor que un día sintió por él.
Hablaron, él le pidió perdón por abandonarla en un momento tan importante, le confesó que nunca la había dejado de querer, pero que quería que supiera que él se iba de la ciudad porque se casaba con otra mujer.
Para Gloria esto fue lo más duro de entender, se preguntaba una y otra vez, por qué no podía haber formado un hogar, pero con ella. Ni siquiera preguntó por su hija ni mostró un asomo de curiosidad, ni dejó ver el mínimo de interés por conocerla. En fín, son cosas que ella jamás entenderá.
Estaba triste
Pasó mucho tiempo, su hija tenía trece años, su vida estaba tranquila, conservaba el mismo empleo y ya se había independizado de sus padres. Vivía en un apartamento que comenzó a pagar cinco años después del nacimiento de su hija y que se había convertido en su otro tesoro, después de Luciana.
Un día, luego de llegar del trabajo, Gloria observó que su hija estaba llorando en la habitación, se acercó a ella y le preguntó qué le pasaba. Luciana solo atinó a decirle que se sentía muy mal y que no quería hablar de eso.
Días después Gloria volvió a observar a su hija llorando en su habitación, casi siempre de noche cuando ya el silencio de la oscuridad le servían de testigo. Fue esta la razón que impulsó a Gloria a llevar a su hija donde un sicólogo.
No soy capaz
Pasaron más de tres años, las citas donde el sicólogo no se interrumpieron, su hija se mostraba un poco más tranquila, ya todo parecía volver a la normalidad hasta que un día Gloria escuchó una conversación de Luciana por teléfono donde ella le decía a su interlocutor: “No, yo no he sido capaz de decirle a mi mamá”. Gloria volvió a sentir ese presentimiento de que algo pasaba con su hija.
Así es Luciana
Al día siguiente llamó al sicólogo y le preguntó, él le dijo que Luciana era una niña normal que solo estaba afrontando los problemas típicos de una adolescente, ella se tranquilizó de nuevo.
Luciana era una niña tranquila, dedicada a sus estudios, tierna y cariñosa, siempre tuvo una buena relación con su mamá, inclusive, la relación con Gloria era más cercana, casi como dos amigas.
Carlos
Un sábado, luego de varias semanas, Carlos, el nuevo amor de Gloria estaba de visita en su casa. Luciana se preparaba para salir con sus amigas, se despidió de ellos y se fue, Carlos salió a mirar por el balcón y observó que solo iban niñas, no había un solo niño entre ellas, volvió a entrar y acto seguido le preguntó a Gloria: “¿No te parece raro que Luciana con 17 años y nunca ha tenido un novio?”. Esa pregunta despertó todas las dudas e inseguridades de Gloria…Fue como destapar la Caja de Pándora.
Desde el día en que Carlos hizo la pregunta en adelante, todo fueron dudas para Gloria, ya todo le parecía extraño, por esta razón decidió hacer algo que nunca había pensado hacer: Revisar el diario de Luciana.
“Es como una avalancha, una caída repentina y brusca de sentimientos que se deslizan por tu corazón, eso siente uno cuando se da cuenta que su hija consentida es lesbiana”. Dice Gloria cuando ya la última lágrima caía por su mejilla.
Dolor e incertidumbre
Pasaron muchos días en los que Gloria solo trataba de evitar a Luciana y en las noches se encerraba a llorar. No quería hablar con nadie y menos con Carlos, pues sentía vergüenza.
Un día Gloria se levantó muy temprano y se dirigió a la habitación de Luciana, cuando entró, la vio ahí, dormida, ingenua, callada y pensó: “Dios mío yo estoy haciendo lo mismo que ha hecho Luciana toda su vida, llorar y aislarse, ¡Pobrecita! Cuánto habrá sufrido y sola”. Se acercó a la cama y en vez de llamarla, la abrazó muy fuerte y le repitió sin cesar: “Ya, mi amor… ya pasó”.
Luciana se despertó extrañada y le preguntó a su mamá qué pasaba, ella se sentó, la miró a la cara y le dijo: “Amor, yo ya sé que a vos te gustan las niñas, por eso llorabas”. Luciana se quedó muda y su cara se puso roja de tanta vergüenza que sentía. Gloria le dijo: “Yo no sé que vamos a hacer, pero lo único que no voy a permitir es que nos culpemos alguna de las dos, es imposible, nadie puede tener la culpa de esto”.
Terapia
Después de la terapia a la que se han sometido las dos, Luciana y Gloria ya están más tranquilas. Luciana tiene su pareja y su mamá la conoce, además, ya hablan abiertamente de los sentimientos de las dos.
Dice Gloria: “Yo no le voy a negar a nadie, que es una de las cosas más duras por las que tiene que pasar una madre, pero después del susto qué, hay que continuar o es que acaso hay una oficina para devolver a los hijos cuando hacen cosas que a uno no lo gustan.
Tampoco puedo negar que Luciana va a sufrir más, y es a eso precisamente a lo que le temo, me mortifican las personas que la atacan y la juzgan, me da mucha tristeza saber que Luciana no pueda tranquilamente, cogerle la mano a su pareja… Es muy triste. Por ejemplo, yo no entiendo como hay personas que dicen que prefieren que su hija sea puta a que sea lesbiana, debe ser que tienen el corazón enfermo ¡pobrecitas! ”.
No le quiten nada
Y continúa: “Luego de entender la orientación sexual de mi hija, porque eso es lo único diferente que ella tiene, de resto es una niña como todas, no puedo comprender como hay religiones que le dicen a uno que eso es una enfermedad y que tranquila que con oración, “eso se quita”, ¡no, que tal!…es que yo no quiero que se lo quiten, yo no quiero que le quiten nada, a mi, me la dejan igualita, tal y como la tuve: Libre, hermosa, inteligente, tierna y lesbiana…así simplemente es Luciana.”
















