29 de septiembre del 2021

Chantaje emocional: Utilizar a tu hijo como arma

Chantaje emocional: Utilizar a tu hijo como arma. Conozco infinidad de historias en donde los niños y niñas crecieron sin la compañía de los padres.

Chantaje emocional: Utilizar a tu hijo como arma. Conozco infinidad de historias en donde los niños y niñas crecieron sin la compañía de los padres, es más, muchos de ellos recuerdan como responsables en su niñez a su mamá y a su abuela o a sus tías.

Reconozco que las historias de padres irresponsables abundan, aquellos que se fueron a comprar la leche y no volvieron nunca más, los que ni cuenta se dieron que tenían un hijo, los que, tras la separación con su esposa, no se volvieron a acordar de ellos.

Pero también conozco historias en donde la madre nunca supo quién fue el padre y también, aunque suene extraño, conozco muchas historias de padres increíbles… La mía es una de ellas.

Juan*

En la actualidad es un hombre responsable, profesional y dedicado a su familia, pero cuando tenía 21 años, dejó embarazada a la que en ese entonces era su novia, ella tenía 19.

La relación con su pareja, después del nacimiento de su hija cambió y simplemente entendieron que ya no podían estar juntos. Juan siempre tuvo presente que era responsable de la manutención de su hija y lo hacía con cariño.

Ella, que no podía trabajar por cuidar de su hija, esperaba que Juan las sostuviera a las dos.  A medida que pasaba el tiempo, las exigencias económicas de la ex pareja de Juan, aumentaban y pasaron de darle una mesada hasta pagar sus tratamientos estéticos, el arriendo, la alimentación y solventar sus salidas los fines de semana para descansar.

Cuando Juan se cansó de trabajar para ella, pues una mínima parte del dinero que le enviaba era para su hija, le dijo que ya no podía seguir enviando el mismo dinero… ¡Y oh sorpresa ¡

Ella no dejaba que Juan viera a su hija y empezó a influir en ella, para que cambiara el concepto que tenía de su padre. Todos los días le repetía que ella no contaba con su papá, que dejara de esperarlo, que él no servía para nada. Lastimosamente, Juan nunca acudió a las autoridades ni nunca definió el valor de la mesada por ley y tampoco reguló las visitas en una comisaría de familia.

El resultado, a su hija sólo la ve en contadas ocasiones en el año y ya no tienen la misma estrecha relación.

Carlos*

Carlos tenía más de 35 años cuando decidió tener un hijo con su pareja, al principio, todo fue color de rosa, pero cuando el embarazo llegó, todo cambió.

Él tenía una estabilidad económica, a raíz de su trabajo por años en una próspera empresa, por eso, cuando su compañera quedó embarazada, la afilió a la EPS a la que tenía derecho por su trabajo.

Pero su compañera siempre requería 100 o 150 mil pesos semanales para controles, ecografías, terapias y ocho mil cosas más, pero que no quería realizarlas en la EPS, ya que aducía que esos lugares siempre estaban llenos y que prefería hacerlo con médicos particulares.

Ahí comenzó el calvario de Carlos, que incluso, llegó un momento en que se endeudó tanto, que perdió todo por lo que había trabajado durante años.

Actualmente, su sueño de tener una hija, se convirtió en el hecho de verla cada 15 días y dormir con ella sólo dos noches al mes, y eso, sólo si tiene dinero ese fin de semana para poder verla.

Jairo*

La historia de Jairo es diferente a las anteriores, él tenía 32 años cuando nació su hijo, fruto de una relación ocasional y esporádica que sostenía con una mujer.

Esta mujer le aseguró a Jairo que planificaba con un dispositivo intrauterino, él se confió y en vez de asegurarse con el uso del condón, se relajó.

6 meses después y luego de la 4 salida con la mujer, ella le anunció que estaba embarazada. Jairo estaba lleno de dudas, pero según cuenta, no quiso pedirle una prueba de ADN, porque de pronto ella “Se ofendía”, o sea, nunca tuvo la certeza de que fuera su hijo.

Como Jairo no frecuentaba la casa de su compañera, pues no tenían una relación seria, siempre se encontraban en distintos lugares, cuando nació su hijo, se llevó varias sorpresas, entre ellas que su compañera sexual tenía dos hijos más.

En la actualidad, Jairo no puede visitar a su hijo en su casa porque según ella, los otros padres se enojan, entonces él ve a su hijo una vez al mes, pero no puede comprarle regalos sólo a él, porque según ella, sus dos hermanitos se sienten mal.

Así es que Jairo cada que va a comprar algo, debe multiplicarlo por tres.

Chantaje

Así como estas, existen muchas historias en donde los hijos son utilizados como armas para la obtención de dinero, practicando el chantaje emocional como método, sin percatarse que es especialmente dañino para los hijos, pues son víctimas directas de este tipo de comportamientos.

Pero también, cuando se amenaza a la pareja con que no verá más a sus hijos o los volverá contra él si se rompe el matrimonio, se hace también chantaje usando a los niños como arma.

 *Los nombres reales han sido cambiados por solicitud de los entrevistados.

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<H2><a href="https://www.antioquiacritica.com/author/buritica/" target="_self">Marcela Buriticá</a></H2>

Marcela Buriticá

Periodista- Especialista en Comunicación Política Soy una mujer comprometida con los procesos sociales para lograr el proceso material, intelectual y cultural de nuestra sociedad. Edilesa de la comuna 16

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