Cuando un amigo la intentó violar. Hoy, yo le presto mi voz y mis letras a alguien que ha querido hablar y no puede, que ha esperado muchos años para decir la verdad, que ha mirado a los ojos de las personas que quiere con unas ganas inmensas de contar su historia, pero las palabras no salen de su garganta, que ha deseado decir en público, el nombre de la persona que intentó violarla y se arrepiente. Hoy, querida amiga…tu historia es la mía.
Ella salía a menudo con su amigo Juan David, compartían casi todos los viernes, eran asiduos visitantes de un bar en Medellín, llamado “Montreux” en la carrera 80, después de la Villa de Aburrá, que aunque ya no existe, es un referente en la ciudad.
Un viernes diferente
Uno de esos viernes, el último para ella, el ambiente del bar era inigualable, parecía que todo el mundo estuviera feliz ese día, menos su amigo Juan David, que se acercó a ella y le pidió que lo acompañara afuera.
Ya alejados del ruido de la música, le confesó que ese día estaba particularmente aburrido, que no se hallaba en ningún lugar y le pidió que se alejaran, que dejaran el bar.
Cuando un amigo la intentó violar
Ella entró, se despidió de sus amigos, recogió su chaqueta y se montó en la Vespa de su amigo Juan David, eran aproximadamente, las 12:30 de la madrugada. Él le dijo que lo acompañara al parque que queda al frente de la Plazoleta de la Villa de Aburrá, quería fumarse un porro, ver las estrellas y conversar.
Pasaron varios minutos, cuando él le dijo que aún se sentía incómodo, que habían muchas personas a su alrededor, que buscaran un lugar más aislado, ella le preguntó que qué le pasaba y él le dijo que caminaran hacia arriba para poderle contar.
¿Qué le pasaba?
Mientras caminaban, ella pensaba en las posibles razones por las que su amigo-al que conocía hacía más de 10 años- se sentía tan mal. Cuando encontraron un lugar más alejado y solo, se sentaron, ella tenía en sus manos una cerveza que no se había podido tomar desde que estaban en el bar.
Él empezó a decirle que a veces lo consumía una tristeza sin razón, que se sentía el ser más desdichado, ella guardó silencio, intentando escuchar. Luego, de la nada, sin aviso y de forma premeditada, él se abalanzó y en cuestión de segundos, estaba sobre ella, intentado quitarle el pantalón.
Él era muy fuerte (practicaba Rugby en el equipo de la Universidad de Medellín), medía aproximadamente 1.80 cm de altura, era de contextura gruesa. Ella apenas saliendo de su letargo, del susto, del impacto, intentó forcejear para quitárselo, sus fuerzas era como un suspiro comparadas con la de él.
Rendirse
Luego de pensar en que él la sometería, ella intentó hablarle y hacerlo entrar en razón: “Parce, ¿qué estás haciendo?, yo soy tu amiga, ¿por qué me hacés esto?, él con ojos desorbitados, con una furia y una excitación inusual, guardó silencio y continúo bajando sus pantalones.
Ella recordó que podía gritar, y después de su primer grito de auxilio, recibió un fuerte golpe en su boca, era la advertencia que si continuaba resistiéndose, él la podría lastimar aún más.
Comenzó a tocarle sus senos y a meter sus dedos en su boca, le decía que le dijera cuánto le gustaba, ella decidió quedarse quieta y en algún momento pensó en dejarse someter, pero la tristeza, la rabia y el miedo hicieron que ella levantara su rodilla con tal fuerza, que el quedó golpeado en sus genitales.
Salvarse
Era ese momento, ella lo sabía, tenía que correr, se tenía que salvar, y así lo hizo, comenzó a correr sin mirar atrás, llegó a la avenida 80 y comenzó a gritar. Un taxi que pasaba en ese momento, paró, el conductor se bajó asustado y le preguntó qué le pasaba, ella llorando miró hacia atrás y vio que Juan David estaba parado mirándola, ella le rogó al conductor que por favor la llevara a su casa.
En el camino de vuelta a su hogar, ella pudo percatarse de que estaba llena de pantano, que tenía su blusa abierta y sin botones y que sentía mucho dolor en su boca. El conductor se bajó y la acompañó hasta que ella abrió la puerta de su casa, le preguntó que si quería que la llevara al hospital o que si podía hacer algo más, ella lo abrazó y le agradeció.
Cuando ya estaba en su casa, recordó que había dejado su bolso y su celular y que de milagro tenía las llaves de su casa colgadas del cinturón. Se quitó su ropa y cuando estaba en el baño, se miró al espejo y vio cómo su boca sangraba, se bañó y se acurrucó en su cama por horas, sin poder cerrar los ojos…Lloró hasta que amaneció.
Cinismo
Al día siguiente, Juan David fue a su casa a llevarle el bolso y el celular, la mamá de ella lo saludó y los recibió, él le dijo que le dijera a ella que en la noche volvería a ver cómo se sentía.
El nunca volvió, la mamá de ella nunca supo qué pasó, ella escondió por días sus heridas y su dolor, hasta que un día, sintió que debía retomar su vida y salió.
Nunca se lo contó a nadie, ella creía que podía resolverlo sola, que el dolor se iría si ella dejaba de verlo, hasta que un año después, descubrió que él le había hecho lo mismo a otra mujer.
Hoy, dio el primer paso, reconocer que fue una víctima y que ella no tuvo la culpa, ella confiaba en él porque creía conocerlo. Él anda por ahí como si nada, está casado y tranquilo. Ella, continuó con su vida, con su dolor y apenas ahora después de muchos años, encontró el valor para contar su historia a través de mi voz.
*El nombre de Juan David no fue cambiado. Así se llama el violador.
















