La discusión sobre la Gobernación de Antioquia en 2027 corre el riesgo de convertirse en un inventario de nombres, alianzas y estructuras electorales. Preguntar quién tiene maquinaria, financiación o respaldo partidista es necesario, pero insuficiente. También hay que preguntarse qué liderazgo necesita el departamento, qué demandas territoriales deberían orientar el próximo gobierno y quién puede convertirlas en un proyecto que vaya más allá de la continuidad de los bloques tradicionales.
En esa conversación merece ser examinado Camilo Calle, diputado de la Alianza Verde, reelegido a la Asamblea en 2023. Su vínculo político con Urabá tiene antecedentes concretos: fue candidato a la Alcaldía de Carepa y, en una entrevista con El Colombiano en marzo de 2023, habló como precandidato a la Gobernación sobre la necesidad de gobernar para las regiones. Aquella aspiración corresponde a la elección de 2023; es un antecedente para evaluar su proyección, sin dar por anunciada una nueva candidatura para 2027.
Urabá y la representación departamental
Urabá reúne oportunidades económicas y necesidades sociales que deberían ocupar un lugar central en cualquier propuesta departamental. Al peso de su actividad agropecuaria se suma el inicio de operaciones de Puerto Antioquia en febrero de 2026, documentado por la DIAN. Esa transformación convive con las brechas de educación, empleo y servicios públicos que recoge el informe de Antioquia Cómo Vamos sobre Urabá de 2025. La discusión política debe ocuparse de cómo convertir la actividad productiva y el comercio exterior en mejores condiciones de vida para sus habitantes.
Una eventual candidatura de Calle permitiría plantear una pregunta de fondo: ¿puede Antioquia tener un gobernador construido políticamente desde Urabá? El valor de esa pregunta está en la representación que podría abrir, siempre que se traduzca en propuestas verificables. El origen territorial, por sí solo, no garantiza capacidad de gobierno. Calle tendría que demostrar que su experiencia le permite comprender las necesidades de otras subregiones y tomar decisiones para todo el departamento, con criterios que la ciudadanía pueda discutir y exigir.
Camilo Calle: independencia y proyecto político
Su trayectoria también ofrece elementos para examinar la relación con el poder departamental. En abril de 2024, El Espectador registró su declaración de independencia frente al gobierno de Andrés Julián Rendón. Más adelante, durante la discusión del presupuesto para 2026, reclamó la presencia del gobernador en la Asamblea, según informó Blu Radio el 19 de noviembre de 2025. Su intervención ocurrió en un debate atravesado por la participación ciudadana y la financiación de la Universidad de Antioquia: asuntos que permiten evaluar cómo ejerce el control político.
Estos antecedentes abren una discusión sobre la posibilidad de construir un liderazgo de centro con posiciones claras frente a la educación, las demandas sociales y el desarrollo territorial. Antioquia no tiene por qué asumir que la única elección posible es entre prolongar automáticamente el actual gobierno y ubicarse en el extremo contrario. Sin embargo, presentarse como independiente tampoco basta. Una eventual aspiración de Calle tendría que explicar sus prioridades, sus desacuerdos y los acuerdos que estaría dispuesto a construir, sin convertir cada diferencia en una confrontación ideológica.
El reto electoral exigiría pasar del reconocimiento en Urabá a una propuesta para los 125 municipios. Eso supone construir interlocución en el Valle de Aburrá, Oriente, Suroeste, Occidente, Norte, Nordeste, Bajo Cauca y Magdalena Medio, además de fortalecer su relación con la propia subregión. También requeriría organización, alianzas y financiación transparente. La pregunta relevante es si puede reunir esas condiciones alrededor de un programa departamental; anticipar una respuesta sin conocer su eventual equipo y sus propuestas sería sustituir el análisis por una expectativa.
Las estructuras políticas importan y sería ingenuo desconocerlas. Pero convertirlas en el único criterio para juzgar una candidatura deja por fuera la capacidad de representar demandas, convocar nuevos apoyos y responder a problemas concretos. Calle merece estar en la conversación por su trayectoria y por las preguntas que su proyección territorial permite formular. Ese interés debe ir acompañado de exigencias: conocer su balance en la Asamblea, contrastar sus propuestas y examinar la coherencia entre sus posiciones y sus alianzas.
La Gobernación de Antioquia no debería reducirse a decidir qué dirigente con mayor estructura recibirá el poder en 2027. Debería ser una discusión sobre qué necesidades territoriales deben orientar el gobierno y qué liderazgo puede representar la diversidad del departamento. Si esa discusión se abre, Camilo Calle es un nombre que vale la pena observar con seriedad. El siguiente paso le correspondería a él: demostrar que puede transformar su experiencia regional y departamental en una alternativa de gobierno convincente.