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¿Y después de las movilizaciones qué? Resolver encrucijadas o dar respuestas ambiguas

Los movimientos sociales experimentan encrucijadas en su emergencia política. Al mantenerse en el tiempo, y lograr captar la atención en sus diferentes formas de manifestación, las mayores encrucijadas son, mantener la coherencia entre las ideas y las acciones de presión; conservar la vitalidad y la energía transcurridos los días de movilización, unificar las posiciones y consideraciones ideológicas

por | Nov 15, 2018 | Cultura Política

Como muy bien lo estudió el profesor norteamericano Immanuel Wallerstein[1], los movimientos sociales experimentan encrucijadas en su emergencia política. Al mantenerse en el tiempo, y lograr captar la atención en sus diferentes formas de manifestación, las mayores encrucijadas son, mantener la coherencia entre las ideas y las acciones de presión; conservar la vitalidad y la energía transcurridos los días de movilización, unificar las posiciones y consideraciones ideológicas, y ante todo, concentrar la atención nacional bajo unas condiciones que a veces se ven alteradas por la opinión de los mismos protagonistas, por ser pluriclasistas y en especial verse en no pocas ocasiones “malinterpretados” en sus comunicados y sus manifestaciones públicas, en especial, por los medios de comunicación masivos, y en muchas ocasiones, por los mismos protagonistas de la protesta que no saben qué se lucha y por qué.

Y es que sobre la movilización universitaria hoy (que empezó debido a la vulneración que produjo el pago de la declaración de renta para el sector de los profesores de la universidad pública, pero que igualmente se atizó por derechos que se han ido conculcando como el de los gastos de representación y otros), de una eventualidad que se podría decir casi de bolsillo se enardeció como una “chispa”, el descontento y el inconformismo sobre la financiación y las situaciones financieras de las universidades públicas, que ya van a cumplir casi tres meses, impulsada por nuestra universidad primordialmente y que se extendió en todo el territorio del país, con un paro y movilización que por lo nutrido y por lo conglomerado, no se había visto al menos en la última década.

Llevamos 218 años buscando aclimatar nuestras independencias, (no se ha podido) en nuestras idiosincrasia, mentalidad e instituciones. Muchas formas corrosivas subsisten hoy, corrupción, clientelas, amiguismos, lealtades y fidelidades fanáticas, idolatrías y otras que hacen parte de la manera normal de relacionarnos, ni hablar de la hipocresía y de la adulación cotidiana.

Pero a la marcha literalmente física también hay que unirle la marcha de las ideas y ellas se han de pulir paso a paso. No obstante, la entereza y la vitalidad del compromiso adquirido por muchos, incluso el paso a paso en las asambleas, la movilización no está exenta de encrucijadas como la del tiempo, la energía y la vitalidad y las razones referidas a las negociaciones y las formas de presión. A estas alturas y ya celebrando 24 y 31 de diciembre, ya estamos en navidad en Medellín y sus alrededores, puesto que, ya se ofrecen buñuelos, natilla y música de carrilera enardecida, alumbrados y hasta pólvora, son del corriente, pero estamos a 15 de noviembre, las preguntas por lo que viene o cómo se va a cerrar el año, cruzan las mentes o al menos parecerían estar en las inquietudes nocturnas de todos nosotros.

Valga la pena un registro histórico. Como lo expresó el militar intelectual antioqueño y socialista Rafael Uribe Uribe, en una conferencia de 1910[2], sobre el pueblo colombiano, quien es más dado a la embriaguez del momento que a culminar honrosamente las tareas y las misiones que se propone, obviamente no fuimos surcados y formados por la reforma protestante, sino por la casuística del catolicismo mediocre de la España imperial, aquí se celebra todo antes de que se cumpla la fecha ordinaria, o se claudica antes de llegar al final. Ese, ha sido uno de nuestros rasgos de mentalidad, en nuestra cultura política por ejemplo no somos capaces de la continuidad hasta final, por ejemplo, “cada gobierno, cuando no ha culminado sus políticas el precedente, ya está no solamente “tumbando” las anteriores para inventarse otras que por obviar razones no se van a realizar”. Este rasgo de los “procesos políticos inconclusos” o “nudos políticos” no se pueden desatar, está muy arraigada en nuestra forma de ser. Llevamos 218 años buscando aclimatar nuestras independencias, (no se ha podido) en nuestras idiosincrasia, mentalidad e instituciones. Muchas formas corrosivas subsisten hoy, corrupción, clientelas, amiguismos, lealtades y fidelidades fanáticas, idolatrías y otras que hacen parte de la manera normal de relacionarnos, ni hablar de la hipocresía y de la adulación cotidiana.

Se dice que el colombiano por excelencia, no finaliza las tareas o los objetivos que se traza, prefiere improvisar o claudicar, y deja tirados sus propósitos proponiéndose otros que no va a terminar, en fin, esperemos que no sea ese el caso de la actual movilización universitaria, porque hay que ir hasta el final sin claudicar o negociar a medias. A estas alturas entonces, en esta época (noviedecembrina, excuso el término) entonces, donde se piensa más en cómo celebrar el fin de año y no cómo se va a cerrar con decencia y decoro el presente, surgen muchos interrogantes. Uno de los primeros es ¿Cómo mantener viva la movilización ya llegando la denominada época de vacaciones? En la negociación con un gobierno autista que ha utilizado todos los medios de la dilación y todas las estrategias de su “ceguera y sordera” que ha llegado a no reconocer el impulso de conflicto que el paro universitario plantea para la sociedad en general, ¿Cómo ejercer mayor presión y bajo qué condiciones hacerle entender al actual gobierno que las exigencias no son momentáneas y eventuales, sino que se requiere reformar toda la ley de educación del país?

Para quienes estamos atentos a todos los acontecimientos de esta defensa de la educación pública, y convencidos de lo anterior, estas demandas no pueden culminar con un cierre a medias y mediocre, ir al fondo sin claudicar. No obstante, esta movilización va a llegar a la encrucijada del tiempo pero ante todo de la negociación y de la presión, porque en este momento no se está jugando por una simple respuesta (momentánea y circunstancial) de la financiación de las universidades públicas y la educación nacional, está en ciernes es un proyecto que al largo plazo compete a repensar todo el sistema educativo del país. Ese largo aliento no lo han entendido sectores que complacidos con el cortoplacismo (tenía razón Uribe Uribe), se regocijan con “migajas” y prefieren la crítica a “pinchazos” como lo dijo Marx de algunos críticos mediocres de su época, a la crítica a “mazazos”.

No es extraño que el gobierno Duque (I.V.A….N.) juegue a la dilación, no es extraño igualmente el desprecio olímpico con que el “mandatario” (quien no manda realidad, sus cien días demuestran que no sabe por dónde va la cosa) ha afrontado la movilización y menos aún con la protesta callejera que hoy de modo mediático la quieren deslegitimar hablando de “terrorismo” y acusando de “terroristas” a los encapuchados, hasta contar con esa figura mediocremente puesta en el gobierno que como paradoja de la vida, parece sacada de Sábados Felices, el fiscal general de la nación, Néstor Humberto Martínez. Ahora quieren deslegitimar la protesta, acudiendo a un pacifismo y apelando a la consigna “ghandiana” de no violencia, (no creo que hayan leído a Ghandi u otros pacifistas parecidos) cuando por todos los medios se pretende deslegitimar justamente la demanda de esos derechos conculcados en nuestro país hace más de cien años mediante la protesta.

Y si bien es cierto que las formas de violencia no son solamente físicas y armadas, es mucho más violento las simbólicas, por eso llamar al “pacifismo” cuando se deslegitima un proceso de protesta y de demandas por medios que enlodan y ensucian el inconformismo como un derecho civil y una condición natural del ciudadano, es realmente una forma de violencia más sutil y más sinuosa e irracional. En un artículo sobre ese tema aparecido en El Espectador[3] recientemente, se habla de la protesta y se dice que la que no “incomoda” no es protesta. De acuerdo, la protesta por serlo debe incomodar, o acaso ¿Qué sentido tiene hacerse visible en las calles si la protesta no incomoda? y ahora esta dirigencia y este país nos inducirán a la protesta de moda, que será algo así, la “protesta vegetariana” o a la “protesta light” (baja en calorías) con que querrán decir, protesten pero sin bulla, sin marchas, sin movilizaciones, sin pancartas, sin alterar la movilidad ciudadana, sin consignas, sin confrontaciones, sin altercados, quien sabe, le pondrán IVA a la protesta, hasta allá podrán llegar estas inteligencias gobernantes del país, en fin.

De seguro esos dirigentes y todos nosotros implicados en este “conflicto” saben que en Colombia hace noventa años[4] se han venido exigiendo demandas por una mejor educación en el país. Si como de seguro lo sabrán profesores, estudiantes, rectores, personal administrativo, gobernantes, líderes políticos y ciudadanía en general, esas exigencias, comenzaron en el año de 1928, cuando se creó la primera Fundación Nacional de Estudiantes, que entre otras circunstancias, amparados por la ola y la ardiente llama de emancipación y de liberación, se inició hace cien años con la Reforma Estudiantil de Córdoba en 1918. Mediante la Revista Universidad creada por Germán Arciniegas y en el contexto de la creación del P.S.R. (Partido Revolucionario Socialista) fundado por María Cano, Ignacio Torres Giraldo y otros como Tomás Uribe Márquez, surgió una nueva generación de izquierda del país, que entre otras luchó por los derechos de la mujer y los obreros en todo el país. Los decoloniales o poscoloniales seguro han leído estos luchadores sociales y políticos del país.

Como lo saben muy bien todos los actores implicados y que seguro lo han leído y estudiado, porque las ideas también marchan y los sujetos deben marchar no solamente con las piernas, sino igualmente con las neuronas encendidas, fue finalizando los años 20 en Colombia[5], que se puede registrar se dieron las primeras organizaciones estudiantiles universitarias, las que demandaron del Estado, no solamente financiación sino igualmente derechos que se expresaron en el manifiesto liminar (libertad de cátedra, universidad popular y laica, autogobierno y democracia universitaria, infraestructura y adecuados entornos de estudio, educación universitaria para sectores vulnerados y vulneradas.

Lo que sí es de extrañar es la falta de posición de posturas y de convicciones, entre algunos sectores universitarios. Lo que es más inaceptable que ante las encrucijadas del tiempo o de la energía de la movilización, es que ciertos sectores o actores que debían pronunciarse con firmeza, dejan con sus comunicados y respuestas, actitudes ambiguas y hasta realmente inoportunas y muy empobrecidas. Esta movilización que cumple ya para la Universidad de Antioquia, con un paro que se inició el 23 de Agosto, a la que se sumaron con un ritmo poco a poco acelerado, las demás universidades públicas principales del país, para contar con un paro nacional que ya consta con un mes largo en ellas, son muchos los interrogantes y son pocas las respuestas acertadas y asertivas que algunos actores (Gobierno, cuerpos administrativos, representantes y sociedad en general) dentro del conflicto han podido con capacidad reflexiva dar ante las encrucijadas de hoy.

Ante los rumores, chismes, comentarios de pasillos, cuchicheos y otras insulsas especulaciones, el asunto por resolver es el de la continuidad, de un lado, por otro ¿Hasta dónde se llevarán las tensiones en la negociación y la presión? ¿Asumirá la movilización estudiantil otras formas de presión? O llegaremos a final del año, con un gobierno oportunista que el 29, 30 o 31 impondrá como suele hacerlo reformas contra el pueblo y la ciudadanía como suele hacerlo. Preocupa que nos quedemos en el corto plazo (como se ha señalado) y que este aliento vital de inconformismo, muera con las borracheras en diciembre y con el guayabo al empezar un nuevo año. De igual manera sobre la posición de los estudiantes, ante sus encrucijadas, sería “absurdo” esperar posiciones ambiguas y tendientes al cortoplacismo, a lo inmediato y a lo fugaz y momentáneo. En conversación con un estudiante, hay más emotivismo, hay en ocasiones, más pasión efusiva y poca reflexividad. De igual manera hay compromiso, como entrega y una labor de esfuerzos y de labores inusitadas. Ojalá no declinen a causa del cansancio o el desgaste. Ahora es cuando más hay que analizar y reflexionar las encrucijadas, respuestas neutrales y ambiguas, resultan inoportunas o destructivas.

El problema de la educación en el país, cuenta en la época moderna con 90 años de luchas, movilizaciones y demandas, y pueda ser que en esta encrucijadas, no nos incite el cansancio o la premura del fin de año, incluso que no nos regocijemos con las migajas para sortear la sostenibilidad de la institución en los dos o tres o cuatro próximos años, que nos mueva la mirada hacia delante de una nueva universidad para una sociedad que no ve en el problema educativo público un conflicto sino una más de las insatisfacciones momentáneas del pueblo colombiano. ¿Por qué no aprovechar ahora con la ley impulsada del gobierno sobre la financiación nacional y unificar los demás sectores descontentos? ¿Está tan fragmentado el país como para juntar otros sectores golpeados? ¿Cómo unir a los demás sectores económicos vulnerados del país a las demandas universitarias? Porque como van las cosas hasta ir al baño tendrá I.V.A. Ahora es cuando coherencia y oposición reflexiva, vitalidad y energía, aspiraciones a largo plazo, no momentáneos, debe mantener el espíritu radical de la movilización universitaria, inaceptable respuestas ambiguas y expectativas de corto plazo.

[1] Wallerstein, Immanuel y Aguirre, Carlos Antonio. Historia y dilemas de los movimientos antisistémicos. Bogotá: Ediciones Desde Abajo. 2008.

[2] Uribe Uribe, Rafael. Problemas Nacionales. Bogotá: Imprenta Eléctrica. 1910.

[3] Navarro Ruiz, Catalina. “Si no incomoda no es protesta”. En: El Espectador, Bogotá, noviembre jueves 15 de 2018.

[4] Uribe Celis, Carlos. Los años veinte en Colombia. Ideología y cultura. Bogotá: Aurora. 1985.

[5] Carta “Universidad y patria”. En: Revista Universidad. No. 56. Bogotá, noviembre 19 de 1927.

Rafel Rubiano

sociólogo y magister en ciencia política, candidato a doctor en ciencias sociales flacso argentina. Analista Político

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