“Siempre detrás de un oportunista se esconde un extremista”. —Vladimir Lenin.
Nunca faltan quienes quieran recoger la cosecha que otros sembraron; quienes celebren misa sin haber compuesto altar. Claudia López, Fajardo, algunos sindicatos, entre otros “avispados”, pretenden arrogarse el triunfo de una de las batallas más importantes que ha obtenido el pueblo colombiano, especialmente su juventud: La retirada de la lesiva reforma tributaria propuesta por el desgobierno de Iván Duque.
La alcaldesa no rechazaba de forma contundente ese proyecto, y al contrario, dio la impresión de estar de acuerdo con él. Lo propio hacía Fajardo, quien había expresado que no tenía sentido hacer grandes manifestaciones para rechazarlo, so pretexto del virus; la misma narrativa que quisieron imponer desde el uribismo para impedir que la gente exprese su descontento en las calles.

Pese a la actitud pasiva-complaciente de ambos con la reforma, al igual que la de los demás integrantes de la llamada “coalición de la Esperanza”, ahora, con gran desparpajo y embebidos del más vulgar oportunismo, tomaron partido en las manifestaciones de júbilo que embargó a la inmensa mayoría del pueblo colombiano, y deslizaron dentro sus mensajes una calculada propaganda en redes sociales, insinuando que respaldaron las luchas juveniles y queriendo ganar protagonismo con sus “propuestas”. Nada de eso. Aquí el único dueño de la victoria es el pueblo que marchó, que aguantó los gases, los golpes del ESMAD, la lluvia, el sol y las maratónicas jornadas de lucha y resistencia.
Con ht sincronizados, que se asemejan más a la táctica de las llamadas “bodegas”, la “coalición de la esperanza” fue de las primeras en hacer brillar su oportunismo político con el triunfo juvenil. En sus trinos calcados no hubo espacio para la memoria de las víctimas fatales (12, según últimas cifras), ni para los cientos de heridos, ni para los muchos que perdieron sus ojos a causa de los perdigones disparados por agentes del Estado con la intención dolosa de mutilarles la visión de por vida, ¡No!; la única motivación que agitaba sus publicaciones era la de exponer en ellas sus “propuestas” para el nuevo texto de la reforma tributaria anunciada por Duque; es decir, la de hacer pura y barata politiquería.

La respuesta de los internautas no se hizo esperar y las palabras “oportunista” y “Fajardo” alcanzaron a figurar durante varias horas en las tendencias de Twitter, con 23 mil y 34 mil trinos respectivamente.

Una actitud que desnuda su esencia real: No buscan cambios, solo buscan poder, pues varían su posición según qué tan favorable les sea el escenario o la coyuntura política del momento. Quisieron ganar cuando parecía que Duque no retiraría el proyecto, adoptando una actitud pasiva y complaciente con el mismo, pero también quisieron ganar cuando retrocedió con su nefasta proposición; allí sí celebraron junto al pueblo, con el que no marcharon. Esa es la actitud acomodaticia del “centro”. No son centro porque sean ecuánimes o equilibrados, son centro porque esperan qué extremo les resulta funcional a sus intereses. Un día pueden asegurar luchar contra la corrupción, como lo hizo Claudia cuando levantó esas banderas para asfaltar su camino hacia la alcaldía; pero otro, pueden aprobar un proyecto plagado de corrupción como el Metro elevado. El mal llamado “centro” en Colombia está representado, ya sea por figuras jóvenes con ideas viejas, o por viejas figuras políticas que arrastran igualmente viejas concepciones del poder: el oportunismo, el engaño y la politiquería.


















