La última vez. En Colombia se han presentado infinidades de caso de abuso sexual en los adolescentes, donde esto deja secuelas a lo largo del tiempo, así fue para Carolina Orozco, quién a sus 15 años comenzó a vivir la peor pesadilla de su vida.
Ella es del barrio San Javier, más conocido como la comuna 13, un sector que ha tenido mucha historia de violencia y que hoy en día está transformándola a través del arte. Carolina, vivía con su madre, su hermano y su padrastro, desde aproximadamente los 14 años comenzó a sentir comentarios indecentes e incómodos por parte de la pareja de su mamá.
Sin embargo, creyó que este hombre no haría nada, pues al estar con su mamá sentía que no era capaz de hacerle daño. El 24 de diciembre del 2017, en su casa hicieron una reunión familiar para celebrar la noche buena, como es de costumbre en la ciudad se mata marrano en la cuadra, se saca el bafle e inicia la fiesta.
“Ese día tenía una falda corta, una camisa corta y unos tenis, iba saliendo del baño y él se encontraba en el comedor, me dijo que tenía unas piernas muy lindas, y que estaba como quería”, dijo Carolina, en ese momento ella sintió miedo, pues jamás le había llegado a hacer ese comentario. No sabía si contarle a su mamá, pero pensaba que no le iba a creer, pues lo amaba con todas sus fuerzas.
La última vez
La fiesta seguía y este hombre en medio de su prenda a punta de aguardiente la miraba y le guiñaba el ojo, y Carolina lo único que hacía era voltear la mirada, alrededor de las 3:30 a.m. de la madrugada del 25 la mayoría de la familia estaba borracha por lo que se encontraban dormidos, ella decidió irse para su cuarto, en ese instante que se estaba cambiando la ropa llegó él y le comenzó a tocar las piernas. “Me dijo que si hacía bulla la que pagaría sería mi mamá, en ese momento me quede callada y con ganas de llorar”.
“Eres mía, eres mía…” estas eran las palabras de aquel hombre mientras tocaba el cuerpo de aquella joven que no sabía cómo defenderse, por su mente pasaban miles de cosas, especialmente dejar de vivir, ya no se sentía suficiente ante el mundo ante este hecho que le estaba pasando. Al rato fue al baño y no soportaba ese dolor, esa imagen de ese momento le quedó guardado en mente.
Comenzó a llorar y decía “por qué a mí Dios mío” no sabía cómo mirar a su madre y muchos menos cómo aguantaría la situación al ver a este hombre en su misma casa. La mirada de Carolina ya no era igual, no le provocaba comer, ni salir de su habitación lo que más prefería en ese instante en su soledad. Su madre estaba notando que algo le pasaba a ella, y decidió preguntarle, pero ella no fue capaz de decirle solo con su voz quebrantada le decía que nada. En esa noche este hombre intentó nuevamente hacerle daño, sin embargo, ella tenía un cuchillo debajo la almohada y le dijo que se fuera o lo mataba.
Su madre escuchó ese grito y se fue para el cuarto de su hija para ver qué era lo que estaba pasando, allí se dio cuenta del suceso, ella lloraba y le pedía perdón a Carolina al meter ese hombre a la casa, sin saber que intenciones tenía él. Al día siguiente madrugaron a la estación de Policía para evitar que siguiera haciendo este tipo de cosas con más jóvenes.
“Fue lo peor que me pasó y sé que soy otra más en la lista de muchas niñas que han sido violadas, pero no hay que quedarse callada como lo hice yo, hablen que así se soluciona todo”, finalmente Carolina recibió ayuda psicológica y hoy en día se encuentra estudiando Comunicación Social y Periodismo, con el objetivo de ser la voz de muchas mujeres que han pasado por esta situación y les da miedo hablar.

















