Los esfuerzos por cambiar de vida aumentan considerablemente cuando en esta transición está la posibilidad de dejar las armas y volver a reincorporarse a la sociedad. La educación es mi escudo protector.
Etiquetas, estigmatización, juicios de valor, desprecio, indiferencia y apatía son algunas de las armas con las que atacan a las personas que toman esta difícil decisión, armas tan letales como las de fuego que terminan acabando con la esperanza de escribir un nuevo capítulo en su vida.
Batallas
Álvaro Vargas ha luchado muchas batallas, ha tenido que acumular una gran cantidad de enemigos y posee incontables heridas invisibles de la guerra, pero asegura que, en la actualidad, su escudo protector contra la indiferencia es la educación y la resiliencia.
Él, era integrante del bloque Héroes de Granada de las AUC e hizo parte del proceso de desmovilización del 1 de agosto de 2005 junto con 2.033 integrantes, que entregaron 1.120 armas.
Promesas
En este proceso, para él, de sometimiento, se prometieron muchas cosas y no se cumplió con casi ninguna, estas circunstancias dejaron un rio de muertos porque las cabecillas fueron extraditadas «después de haber entregado a su gente como ganado».
La educación es mi escudo protector
El incumplimiento de los acuerdos en esa ocasión generó la conformación de miles de estructuras disidentes que tienen en la actualidad, un sinnúmero de cabecillas luchando a sangre y muerte por el liderazgo y el territorio.
Expectativas
Álvaro mira expectante lo que está pasando con el actual Acuerdo de la Habana con las FARC y espera de corazón, que, a diferencia de su experiencia, a sus compañeros sí les cumplan.
«Hoy, que puedo sentarme en la misma aula con excombatientes de las FARC que en años anteriores eran mis
contrarios en armas, y ahora, son mis aliados de paz, les deseo que puedan encontrar la paz interior y que aprendan a perdonarse a ellos mismos».
Diplomado
En el Diplomado de Reincorporación de la Secretaría de la No Violencia de Medellín, confluyen distintas historias y diferentes experiencias, porque de esa manera se construye paz, con la diferencia y porque como dice el propio Álvaro: «El que no sabe cómo es la guerra, no sabe cómo es la paz».
Ahora, Vargas es contratista del Municipio de Medellín y trabaja para evitar que sus compañeros deserten y vuelvan a delinquir, ahora lucha por su pueblo desde la otra orilla, del lado de la legalidad, ahora puede disfrutar de su familia y evitar que su esposa se despida de él en las mañanas sin saber si lo podrá volver a saludar, ahora Vargas disfruta de un mundo que era desconocido para él, pero que lo llena de alegría.
Poderosa
Y hoy, cuando le preguntamos cuál cree que es el arma más poderosa para evitar la violencia, responde con sus ojos aguados de entusiasmo: «La educación”.
Por eso cree que, entre tantos aciertos y desaciertos en los procesos de desmovilización, lo que espera de corazón es un real compromiso del Estado sin politizar los acuerdos y que mientras ellos ponen su granito de arena para eliminar el analfabetismo, la sociedad les brinde más oportunidades de reinserción, espera también que la comunidad comprenda que, al incumplir los acuerdos, se le está fallando a la paz.

















