Transformación de vidas desde el el circo social, el sello que desde hace años pone Arte Trece
Cada miércoles y viernes, en un rincón de la Comuna 13 de Medellín, alrededor de 40 niños, niñas y adolescentes llegan a las clases de circo social de Arte Trece, una organización comunitaria que desde 2011 utiliza los zancos, la cuerda floja, la acrobacia y los malabares como herramienta de prevención de violencia y construcción de tejido social.
El proceso nació en un momento en que gran parte del país asociaba el barrio únicamente con el conflicto armado urbano. Que vivió dicha comuna fuertemente a inicio de la década de los 2000, dejando una marca y estigma social en la comuna 13, generando un rezago para los habitantes y limitando las posibilidades de las personas, especialmente los niños, niñas y adolescentes que crecían en un entorno violento marcado por la reclutación, explotación sexual y violencia en general.
«[“Arte Trece surgió como un espacio para encontrarnos con otros y generar nuevas posibilidades en medio de un contexto profundamente marcado por la violencia. En aquella época, escoger el circo como estrategia significaba también abrir un espacio distinto: un lugar donde los Niños, niñas, adolescentes y jóvenes pudieran ocupar su tiempo, desarrollar otras capacidades y relacionarse desde el arte, el juego, la disciplina y la confianza, en contraposición a los espacios violentos que atravesaban el territorio. Creo que uno de los mayores aportes de Arte 13 ha sido precisamente ese: demostrar que el territorio no tiene por qué estar definido únicamente por la violencia. Muchos jóvenes que han pasado por la corporación y quienes hoy hacen parte de ella han podido construir una mirada diferente de la ciudad, descubrir capacidades que quizá no conocían y encontrar en el arte una posibilidad para proyectar sus vidas de otra manera.»]
Impacto del circo social en el desarrollo comunitario
Según explicó Hugo Alexander González Patiño, miembro de la junta directiva de la organización, el proyecto nació como un espacio para generar confianza y ocupar el territorio desde el arte y la disciplina en sectores históricamente estigmatizados por el conflicto urbano.
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En 2024, tras más de una década de trabajo informal, la agrupación obtuvo su personería jurídica como entidad sin ánimo de lucro. De acuerdo con el fundador Julián Salazar, la formalización facilitó la gestión de recursos y la compra de insumos para consolidar la oferta pedagógica.
Investigaciones en Colombia, como la de Flórez Nustes y Laguna Barragán (2016), respaldan este tipo de pedagogías al señalar que las artes circenses fortalecen el aprendizaje colaborativo en entornos de vulnerabilidad social.
El proceso ha impulsado la proyección profesional de sus integrantes, entre ellos Sebastián Salazar, ingeniero mecatrónico y creador de Robot Trece, y Deysi Flórez, magíster de la Universidad EAFIT, Julian Salazar Ingeniero, Emanuel Rivera Artista Circense con amplia experiencia, entre otros.
De la informalidad a la personería jurídica
Durante más de una década, Arte Trece operó como un proceso comunitario sin estructura legal, sostenido por voluntariado y compromiso social. Hace dos años, en 2024, la organización se formalizó como entidad sin ánimo de lucro.
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La formalización permitió a Arte 13 pasar de una iniciativa juvenil a una organización con mayor credibilidad el fortalecimiento de vínculos, posibilidades de gestión y sostenibilidad. Facilitó el acceso a recursos, lo que permitió ampliar y fortalecer la oferta de circo social, comprar insumos para el proceso social que se lidera en la comuna con 40 Niños, niñas, adolescentes y jóvenes. [Julián Salazar- Miembro de Junta y Líder Fundador de Arte Trece]
Una escuela de ciudadanía
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Para quienes lideran Arte Trece, el circo social es mucho más que zancos y acrobacias: es una pedagogía de la confianza, donde cada ejercicio colectivo exige aprender a cuidar al otro y cada presentación reemplaza los lenguajes de la violencia por los del respeto y la cooperación.
Ese pequeño rincón de la Comuna 13 demuestra que las transformaciones profundas casi nunca comienzan en grandes edificios, sino en espacios donde alguien decide abrir una puerta para que otro descubra que puede soñar distinto. Arte Trece lleva más de quince años sosteniendo esa apuesta: que invertir en el arte no es un lujo cultural, sino una herramienta concreta de prevención y construcción de comunidad.
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