5 de marzo del 2026

Me obligaron a votar por Roy Barreras

Quienes ayer necesitaron a Roy Barreras para conquistar el poder hoy lo señalan como traidor. La política colombiana vuelve a demostrar su memoria corta.

En la política colombiana la memoria suele ser corta, pero pocas veces resulta tan selectiva como cuando comienzan las disputas por el poder. La campaña de descrédito contra Roy Barreras por parte de algunas figuras del progresismo ilustra bien ese fenómeno: quien hace apenas unos años fue considerado un aliado estratégico para llegar al gobierno hoy es presentado como un “traidor”.

La paradoja es evidente. Barreras fue una de las piezas políticas que ayudaron a construir la coalición que llevó a Gustavo Petro a la presidencia en 2022. Sin embargo, ahora que aspira a participar en la disputa presidencial de 2026 desde una posición liberal-progresista, algunos de los mismos sectores que se beneficiaron de su capacidad política lo acusan de oportunismo.

El problema no es la crítica —que en política es legítima— sino la memoria selectiva. Roy Barreras nunca se presentó como un ideólogo de izquierda radical. Su trayectoria ha sido la de un liberal progresista, un político pragmático acostumbrado a negociar y construir mayorías. Precisamente por esa capacidad fue útil para articular una coalición amplia que permitiera al Pacto Histórico conquistar el poder.

Recordemos el contexto. En 2022 Barreras fue uno de los principales operadores políticos de la campaña de Petro. Como figura clave del Pacto Histórico ayudó a consolidar alianzas, ordenar la estrategia legislativa y defender en el Congreso iniciativas centrales del nuevo gobierno. Fue además el primer presidente del Senado durante ese mandato, un cargo desde el cual impulsó reformas y facilitó la gobernabilidad del Ejecutivo.

Sin embargo, la disputa política tiene una lógica particular: los aliados de ayer pueden convertirse rápidamente en los adversarios de hoy.

Uno de los ejemplos más visibles proviene del exsenador Gustavo Bolívar. En febrero de 2026 Bolívar afirmó en un mensaje público que no votaría en la consulta de marzo, calificándola como una maniobra política de Barreras:

yo tampoco votaré en la consulta de marzo orquestada por Roy y Quintero para ponerle zancadilla a Iván Cepeda.”.

En otro mensaje fue aún más directo:

“Ni un voto por los traidores Roy y Quintero”.

Y en una publicación adicional resumió su inconformidad con una frase que circuló ampliamente en redes:

“El mundo al revés: Roy y Quintero en la consulta y Cepeda por fuera”.

Las críticas no se limitan a Bolívar. El exgobernador de Nariño y también precandidato presidencial Camilo Romero ha cuestionado con dureza el papel de Barreras dentro del progresismo. En un video reciente denunció lo que llamó “la trampa de Roy Barreras”, acusándolo de oportunismo político.

Romero incluso apeló a la memoria histórica para deslegitimarlo:

“Seguro Roy estaba fundando la izquierda cuando pedaleaba la reelección de Uribe en 2006”.

Y en un mensaje directo en redes sociales concluyó:

Roy Barreras NO representa el progresismo”.

Ese tipo de acusaciones parte de una premisa discutible: que Barreras pretendió alguna vez representar la ortodoxia de la izquierda. En realidad, su trayectoria política ha sido distinta. Barreras ha defendido causas que hoy forman parte de la agenda progresista —como el matrimonio igualitario, el Acuerdo de Paz o el Tratado de Escazú— pero siempre desde una perspectiva liberal y pragmática, más cercana a la construcción de acuerdos que a la pureza ideológica.

Por eso resulta llamativo que algunos sectores del progresismo lo presenten ahora como un “camaleón” político o un infiltrado. No porque las críticas sean ilegítimas, sino porque muchas de ellas ignoran que esa misma capacidad de adaptación fue la que permitió construir una coalición electoral suficientemente amplia para ganar las elecciones de 2022.

La historia política colombiana está llena de estos episodios. Cuando los proyectos políticos llegan al poder, suelen reescribir su propio pasado. Los operadores que ayudaron a construir la victoria dejan de ser estrategas y pasan a convertirse en figuras incómodas. La lógica del pragmatismo —tan necesaria para ganar elecciones— se vuelve sospechosa cuando comienza la disputa interna por el liderazgo.

Algo similar ocurrió con otros actores que ayudaron a construir el triunfo electoral del progresismo y luego fueron relegados o cuestionados cuando aparecieron las tensiones internas. No es un fenómeno exclusivo del Pacto Histórico; es una dinámica recurrente en la política latinoamericana: los movimientos amplios que logran conquistar el poder suelen enfrentar después el dilema entre mantener su pluralidad o encerrarse en una identidad ideológica más rígida.

En ese contexto, la figura de Roy Barreras encarna una tensión real dentro del progresismo colombiano: la relación entre pragmatismo y pureza ideológica. Para algunos sectores, su estilo político representa una amenaza a la identidad del movimiento. Para otros, fue precisamente ese pragmatismo el que permitió construir una mayoría electoral en un país históricamente dominado por fuerzas conservadoras.

Por eso la frase “me obligaron a votar por Roy” resume algo más que una anécdota personal. Refleja la percepción de muchos votantes que en 2022 apoyaron una coalición amplia, convencidos de que el cambio político requería sumar sensibilidades distintas.

En política hay una regla no escrita: los estrategas son indispensables hasta el día en que dejan de serlo. Roy Barreras fue útil cuando el progresismo necesitaba tender puentes hacia el centro político y construir mayorías. Hoy, cuando decide disputar su propio espacio, algunos prefieren recordarlo como un intruso.

Pero las coaliciones que llegan al poder olvidando cómo llegaron suelen terminar repitiendo los errores que antes criticaban. La historia política está llena de movimientos que, después de ganar, comenzaron a dividirse por la pureza ideológica.

Tal vez por eso la frase que da título a esta columna no es solo una ironía política.

Cuando la política empieza a castigar a quienes construyen puentes, lo que termina ganando no es la coherencia ideológica. Es la fragmentación. Así pues que sin dudas ni tibiezas, este fin de semana pediré el tarjetón y votaré por Roy

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<H2><a href="https://www.antioquiacritica.com/author/daniel-largo/" target="_self">Daniel Largo</a></H2>

Daniel Largo

Soy un sociólogo apasionado por la comprensión de las sociedades modernas; mi enfoque es humanista, y este se ve reflejado en mi compromiso con los derechos humanos. Analizo hechos sociales, especialmente en el ámbito político y electoral.

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