Nos crearon fronteras en un territorio metropolitano, nos condenaron a crecer en medio de la desigualdad y nos imponen pagar por las obligaciones del gobierno.
A mis 12 años de edad, siendo un niño, recuerdo con claridad la gran conmoción que generó la instalación de los peajes en el norte del Valle de Aburrrá. Protestas, disturbios, heridos y la inmersión de tanquetas antimotines para visitar la casa del señor caído, en pleno parque principal del municipio de Girardota.
Cuando todo comenzó
Posteriormente, vienen a mi memoria, las claras imágenes del señor Álvaro Uribe Vélez, quien siendo presidente de la república en ese momento, salía ante los medios de comunicación a dejar en firme el denominado “peajito social”. Este peaje solo tenía un valor de exiguos mil pesitos y venía acompañado de la promesa de que funcionaría temporalmente., mientras se construía la doble calzada Bello Hatillo, de 3 carriles a lado y lado, más carril de ciclo-caminabilidad, también a lado y lado, y que los habitantes del norte del Valle de Aburrá, podrían gozar del chip, para que así, nosotros no tuviéramos que pagar.
Hoy, más de 15 años después, el “peajito social”, de carácter temporal, nos dejo una doble calzada en donde solo se construyó una vía de 3 carriles con ciclo-caminabilidad.
No era temporal
Su valor se ha incrementado en casi un 300% y ha sido pagado por el bolsillo de las familias del norte del Valle de Aburrá. Para terminar de ajustar el escenario, el próximo año, el Gobierno Nacional quiere entregar en concesión, el recaudo de esos peajes por otros 30 años más, para así, financiar la construcción de vías a más de 60 kilómetros de distancia de nuestro territorio, con lo cual, ese calificativo de “temporal” resulta ser toda una vida.
El área metropolitana del Valle de Aburrá, se consolidó bajo el principio de la integralidad territorial como ciudad metrópoli, sin embargo, el norte y el sur, se han desarrollado en un escenario desigual e inequitativo. En el norte, por ejemplo, se construye una cárcel, un relleno sanitario y la planta de tratamientos de aguas La Seca, todo esto genera cargas urbanísticas y sociales; en el sur las estaciones del metro se expanden cada vez más, mientras que, en el norte, ni siquiera conocemos estudios de factibilidad.
Inequidad
Es irónico que en el sur, no se necesitó ningún peaje para consolidar las vías dobles calzadas, mientras que en el norte tenemos 4. Somos la única área metropolitana del país, que tiene estas fronteras dentro de su territorio.
El norte del Valle de Aburrá, gracias a los peajes, representa un territorio poco rentable y competitivo para la inversión y el desarrollo, comparado con el sur. A una empresa le cuesta 92.600 pesos el paso de un solo camión (ida y vuelta) para movilizar insumos o producción. Una familia habitante del municipio de Barbosa que quiera tener su propio transporte, debe disponer 444.000 mil pesos, solo para pagar peajes, viajando 5 días a la semana.
Ya basta
Nos obligaron a vivir en un territorio con fronteras, en donde tenemos que pagar para poder entrar o salir de nuestras casas, nos obligaron a crecer y desarrollarnos en un escenario desigual e inequitativo comparado con el resto del área metropolitana, nos obligaron a pagar para financiar las obligaciones del Gobierno Nacional y hoy nos quieren obligar a pagar la construcción de una vía por fuera del área metropolitana a más de 60 kilómetros de distancia.
Por esto, hoy decimos: “basta”, ya es suficiente, es nuestro momento de actuar y de hacernos sentir como un territorio unido en torno a una causa justa, una causa de todos, lo que hoy hacemos, más que un acto político, es un acto de ciudadanía, la historia no nos juzgará como aquellos que no hicimos nada ante una infamia social tan grande como la que representan los peajes del norte del Valle de Aburrá.
¡NO MÁS PEAJES!















