El Ejército de Liberación Nacional vuelve a hablar de paz justo cuando más lejos está de ella. Tras meses de hostigamiento a la población civil, paros armados, desplazamientos forzados y una guerra recrudecida en el Catatumbo, la guerrilla reaparece con una vieja propuesta envuelta en retórica: un “Acuerdo Nacional” para superar la crisis política, social y armada del país.
El anuncio, hecho el 12 de enero mediante un comunicado, ocurre en un contexto que el propio ELN ayudó a incendiar. El proceso de paz con el Gobierno lleva más de un año suspendido, no por capricho estatal, sino por la decisión consciente de esa organización de escalar la confrontación armada, incluso en medio de la política de “paz total” impulsada por el presidente Gustavo Petro.
La violencia no es un accidente, es una estrategia
En diciembre, el ELN decretó un paro armado que paralizó regiones enteras del país, dejó muertos y sembró miedo en al menos 13 departamentos. En el Catatumbo, la guerra contra disidencias de las FARC volvió a convertir a las comunidades campesinas en escudos humanos. No hubo tregua, no hubo gestos, no hubo voluntad de desescalar.
En ese escenario, hablar de soberanía, democracia, transición energética y participación social no solo suena desconectado de la realidad, sino cínico. No hay acuerdo nacional posible mientras se gobierna el territorio a punta de fusil y se impone silencio a las comunidades.
Petro endurece el discurso y apunta al ELN como problema regional
La semana pasada, el presidente Petro fue explícito. Tras una llamada con el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, afirmó que el ELN se ha convertido en el mayor factor de violencia entre Colombia y Venezuela, señalando su control territorial y su responsabilidad directa en asesinatos de campesinos, especialmente en el Catatumbo.
El mensaje fue respaldado por el ministro del Interior, Armando Benedetti, quien confirmó que el Gobierno reforzará las acciones contra esa guerrilla, en particular en la frontera. El tono cambió. La paciencia también.
No es un giro ideológico: es el reconocimiento de que la paz no se negocia con quien insiste en sabotearla desde el terreno.
Un discurso reciclado, sin autocrítica
El llamado “Acuerdo Nacional” del ELN repite, casi palabra por palabra, los ejes del Acuerdo de México de 2023 y de su agenda histórica. Modelo económico, régimen político, proceso constituyente, fuerzas armadas “garantes de la democracia”. Nada nuevo. Nada que explique por qué, mientras habla de participación popular, persigue líderes sociales y desplaza comunidades.
El comunicado no incluye una sola línea de autocrítica. No reconoce víctimas. No propone ceses verificables. No ofrece garantías reales a la sociedad civil. Pretende legitimidad política sin asumir responsabilidad por la violencia que sigue ejerciendo.
La paz no se decreta desde un comunicado
La contradicción es brutal: un grupo armado que mantiene bajo hostigamiento a la población civil pretende ahora liderar un debate nacional sobre el futuro del país. No hay acuerdo posible mientras el ELN siga usando la violencia como método de presión y la frontera como retaguardia estratégica.
La paz no se construye con documentos ni con discursos grandilocuentes. Se construye dejando de matar, dejando de desplazar y dejando de imponer miedo. Todo lo demás es propaganda. Colombia y especialmente regiones como el Catatumbo, ya aprendieron a distinguir entre propuestas de paz y maniobras para ganar tiempo.


















