Francisco Lopera y una donación coherente
Francisco Lopera donó su cerebro al Neurobanco de la UdeA antes de morir, una decisión que su familia ejecutó el 10 de septiembre de 2024 y que hoy forma parte de su legado científico. A dos años de su muerte, el gesto resume la lógica con la que trabajó durante décadas: pedir a pacientes y familiares lo mismo que él estaba dispuesto a hacer.
El neurólogo antioqueño, fundador del Grupo de Neurociencias de Antioquia en 1992, dedicó su carrera a estudiar el Alzheimer, en especial las familias portadoras de la llamada “mutación paisa”, identificada por su equipo en 1995. De acuerdo con el relato publicado por la Universidad de Antioquia, Lopera hablaba abiertamente de la importancia de donar cerebros para investigación y veía esa decisión como un acto de reciprocidad frente a los pacientes que acompañó durante años.
La llamada para activar el protocolo la recibió el grupo el mismo día de su fallecimiento. El proceso fue asumido por Andrés Villegas Lanau, coordinador del Neurobanco, y se realizó bajo el mismo procedimiento que se aplica a todos los donantes. El cerebro de Lopera quedó registrado con el número 563; dos años después, esa colección reúne 670 cerebros.
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Según explicó Villegas, la donación puede aportar información sobre resiliencia cognitiva, migración de células tumorales y alteraciones en la barrera que regula el paso de sustancias entre la sangre y el cerebro. Lopera murió por un melanoma con metástasis que produjo lesiones cerebrales, pero, de acuerdo con sus colegas, se mantuvo cognitivamente intacto y siguió trabajando hasta pocas semanas antes de su muerte.
Como ocurre con las demás muestras del Neurobanco, una mitad del cerebro fue conservada en formol para estudios histopatológicos y la otra mitad quedó congelada para análisis futuros. Ese banco de tejido fue una pieza central de investigaciones previas del propio Lopera, entre ellas las que ayudaron a confirmar la mutación paisa y a identificar variantes genéticas con posible efecto protector frente al Alzheimer.
Graduado de Medicina en la Universidad de Antioquia y reconocido en 2024 con el Premio Potamkin, Lopera dejó además una regla ética en los procesos de donación: que la decisión familiar fuera unánime. “Es mejor perder un cerebro que perder una familia”, solía decir, según recordó la nota de la UdeA.
Fuente: UdeA – sitio web.