Los jóvenes dicen que nosotros los mayores siempre estamos diciendo que «todo lo de antes era mejor», pero, es cierto. Casi todo. Cuando la navidad era nuestra.
Aclaro que la forma en que celebramos el mes de diciembre era muy tradicional de nuestra cultura y aunque es una celebración importada, nosotros los colombianos le poníamos nuestro sello.
Pero, vamos por partes:
Las novenas
Visitar las casas vecinas y asistir a más de cinco novenas al día, era todo un reto. Los vecinos que abrían sus puertas y exhibían sus pesebres, casi siempre se ponían de acuerdo con los horarios y así, nosotros no nos perdíamos ninguna.
Ahora lo más seguro es que cada niño haga las novena en su propia casa sin la oportunidad de compartir con otros niños.
La natilla y los buñuelos
Era tradicional o al menos en los barrios, que las familias hacían la natilla y le ofrecían a sus vecinos, de esta manera podíamos acceder a diferentes preparaciones, era genial la semana en la que el timbre de nuestra casa sonaba y te encontrabas a tu vecina con el platico de natilla en sus manos y con una sonrisa en su cara.
Ahora, ahora ya no, recibes una natilla insípida en una caja insípida con un buñuelo duro en tu oficina o en tu trabajo y la gente del barrio ya no se desgasta revolviendo natilla, ya la compran en caja y en Mi Buñuelo.
Los traídos del Niño Jesús
Cuando éramos niños, el 24 de diciembre a las 12, era lo máximo. Nuestros padres nos decían que teníamos que acostarnos para que el Niño Jesús pudiera llegar, luego nos despertaban y nos ponían a buscar nuestro traído por toda la casa. Luego de encontrarlo, jugábamos con él hasta altas horas de la noche y al otro día, salíamos estrenando juguete y con unas ganas inmensas de compartirlo con nuestros amiguitos.
Ya, para qué comparten los traídos si a todos les traen lo mismo, ya ningún niño se acuesta a esperar su traído, inclusive, se los entregan antes de las 12, para que se puedan dormir rápido.
Las fiestas de navidad
Antes, toda la familia se reunía, esa fecha era obligatorio estar con tus parientes, las abuelas hacían gala de sus mejores preparaciones, las tías hacían lo suyo, los primos estaban juntos, la casa estaba hermosamente decorada. Natilla, manjar, chicharrón, picada, dulces y la cena….Todo al mismo tiempo.
Ya, las salas de la casa parecen un zona wifi, todos pegados del celular, tomando selfies y acosando para irse, la mesa está llena de comida importada, de panetón (wacala) o pan con chocolate y dizque galletas de jengibre…jajaja.
El año nuevo
No se diga más, en todas las casas sonaba la canción «faltan cinco pa´las 12» al unísono, nos abrazábamos, nos deseábamos los mejor, llorábamos por los que no estaban, las tías salían corriendo con la maleta a darle la vuelta ala cuadra, otros se quedaban comiéndose las uvas, corríamos a cambiarnos los calzones amarillos y luego, salíamos a desearle el mejor año a nuestros vecinos.
Cuando la navidad era nuestra
Ya, mandamos un mensaje escueto y repetido a nuestros seres queridos pero por whatsapp o creamos un sticker que diga lo que no queremos decir personalmente.
Ya no abrazamos a los vecinos, ya no nos abrazamos entre nosotros, ya la navidad no es nuestra, ya el internet hizo que le perdiéramos la gracia , ya no se escucha a Rodolfo Aicardi sino que cantamos a grito herido «El soltero feliz». Dejamos que nos roben todo, las costumbres, las tradiciones y hasta la navidad.













