Hay que volver a sonreír. Ella después de diez años vuelve a mirar la vida de otro color, ya no está negra, ahora es azul como el cielo.
La violencia no le dejó nada bueno a aquella mujer de 80 años que reside en Robledo Vallejuelos, en sus ojos de color miel se le observa la tristeza que duró por años y que hoy en día a tratado de entender los conflictos en la ciudad, especialmente aquella época de los setenta, ochenta y noventa cuando Medellín sembró una mala historia a nivel internacional.
Pero no solo cargó está era violenta los políticos de aquella época también la comunidad, entre ellas Celina Moreno, que perdió a su sobrino de 20 años por las guerras entre barrios.
La noche
Era una noche lluviosa, se escuchaba truenos y relámpagos, Celina y su familia se encontraban durmiendo porque ella tenía que madrugar a trabajar de aseadora en la Terminal de Medellín. “Ese día sentí como tumbaban la puerta para sacarlo, inmediatamente nos levantamos cuando vimos a varios hombres encapuchados entrando a la casa… no tenían compasión con nada”, expresó aquella mujer con lágrimas en su rostro.
El ruido de la casa se mezclaba con el sonido que estaba ocasionando la lluvia en ese momento, los vecinos no sabían de lo que estaba pasando allí. Pero en medio de la desesperación, la angustia y el temor de lo que podría pasar si se llevaban a su sobrino Bairon, comenzaron a gritar, se escuchaba los auxilios de distintas personas.
Celina, lloraba desconsolada, la virgen del Carmen estaba al lado de su cama, inmediatamente la cogió y con ella se echaba la bendición, esperando un milagro para ese momento espantoso que parecía un sueño del que quería despertarse rápido.
Gloria, su vecina intentaba comunicarse con la policía, pero de las tormentas eléctricas que se estaban presentando se fue la luz. Ella no salió para ver que sucedía, el miedo la invadía, pues sí abría la puerta pensaba que iban a acabar con su vida aquellos hombres sin identificación que estaban en medio de la oscuridad armados.
“A mí me daba mucho miedo ir sola, doña Celina les gritaba que se fueran que no estaba Bairon, pero ellos decían que sin él no se iban… una voz gruesa dijo que con las mujeres no se metieran”.
Roberto, su hermano al ver la situación cómo estaba que querían pasar de la sala de su casa, estiró la mano para sacar el machete que tenía y comenzó a golpearlos hasta les ofreció machete si daban un paso más. Ahora era una guerra entre la familia Moreno contra el combo de Vallejuelos que había en ese momento.
“Solo hablaba uno, el resto eran callados, nosotras nos agarramos con ellos, pero no hablaban porque los reconocíamos con la voz”, dijo Celmira arrugando la cara al recordar ese momento. Era las 3:40 a.m. cuando su sobrino se fue corriendo hasta la calle tratando de huir sin camiseta, en pantalonetas y tenis.
Sin embargo, esto no le sirvió para salvar su vida, en la esquina de la casa este grupo disparó como loco ocasionando que él terminará en el suelo. Roberto, se fue corriendo para levantarlo y llevarlo al Hospital más cercano, pero en la otra cuadra se encontraba otro hombre baleado, la sangre invadía su cuerpo que no lo dejaba reconocer.
Eva, la madre de Celina gritaba al ver el acto que estaba viendo “mi niño, que pecao’ de mi niño, corran, corran con él” así decía ella con sus 70 años en aquel entonces. La lluvia no importaba, la sangre bajaba por las calles como si estuviera lloviendo rojo, los vecinos miraban por la ventana sin hacer nada, solo presenciaban la violencia que estaba pasando el barrio.
Violencia
Dos jóvenes en la lucha para sobrevivir, dos familias proclamando a Dios por su vida. “Le veía los disparos que le habían hecho en la cara, estaba irreconocible, pero aún así me decía que no lo dejara morir”, expresó Celina bajando su cara para evitar llorar.
Salieron por la vía vieja hacia el occidente esperando que un taxi pasara, pero nadie quería montarlos, Celina en medio de la rabia se paro a mitad de calle y venía una patrulla de la policía, ellos tomaron acción ante este suceso, ella se montó con los heridos en la parte trasera de la camioneta.
“El otro muchacho me decía que no lo dejara morir, mi sobrino me apretó la mano y me tiro un chorro de sangre con la boca”, cuando llegaron al centro de salud de San Cristóbal su sobrino estaba muerto, un golpe duro para la familia, el niño de la casa ya no estaba más en este mundo.
Ella se fue para la casa, pero se sentía el vacío en la casa, las calles estaban manchadas por sangre, los vecinos hablaban de lo que había pasado en la madrugada, su rostro reflejaba dolor y rabia por lo que le hicieron a su sobrino, lo mataron delante de su familia sin importar el impedimento de su familia.
Ahora el combo del sector estaba tranquilo por su deber cumplido, otra vida más que terminaron, tomando la decisión de quién vivía y quién no. “Después de tantos años el barrio ha cambiado, mi vida ha cambiado, ahora soy feliz y alegre, aunque ya este vieja” Celina sigue viviendo en la misma calle que fue testigo de su dolor, ahora sonríe todos los días y su corazón perdonó a las personas que acabaron con la vida de su sobrino y de su familia.
















