Fósil de insecto y una transición anfibia
Fósil de insecto es la clave de un estudio internacional que propone que los primeros insectos no pasaron de inmediato del agua a la tierra firme, sino que atravesaron una etapa semiacuática. La investigación, publicada el 26 de agosto en Nature, describe la especie Chosha praecursor, hallada en la Formación Tesnus, en el oeste de Texas, y la ubica en el Carbonífero, hace unos 324 millones de años.
Según informó la Academia China de Ciencias, el trabajo fue liderado por Cai Chenyang, del Instituto de Geología y Paleontología de Nanjing, y por Erik Tihelka, estudiante doctoral en formación conjunta con la Universidad de Cambridge, con participación de investigadores de Estados Unidos, España y otros países.
Los autores combinaron este hallazgo con el reanálisis de fósiles paleozoicos de Gran Bretaña y Estados Unidos que habían sido difíciles de interpretar. Con ese conjunto, propusieron un linaje primitivo de insectos del tallo que ayudaría a cerrar un vacío de unos 80 millones de años entre las estimaciones moleculares sobre el origen de los hexápodos y el registro fósil inequívoco.
Qué muestra Chosha praecursor
Los ejemplares de C. praecursor, preservados con detalle en concreciones de arcilla calcárea, habían sido interpretados durante años como larvas de crustáceos. El equipo usó imágenes con luz polarizada cruzada para revisar su anatomía y concluyó que se trataba de hembras adultas de unos 32,09 milímetros de longitud corporal y casi 49,66 milímetros si se incluyen los filamentos caudales.
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El fósil exhibe rasgos propios de los insectos, como seis patas para caminar, un ovipositor y un filamento caudal terminal. Pero también conserva características ancestrales poco compatibles con los insectos actuales: los segmentos del abdomen tenían apéndices segmentados y las extremidades posteriores estaban modificadas como paletas.
De acuerdo con la reconstrucción paleoambiental citada por el estudio, esos organismos habrían vivido en zonas costeras someras, en la interfaz entre el agua y la tierra. Esa combinación de anatomía terrestre y estructuras heredadas de antepasados acuáticos respalda la hipótesis de una fase anfibia prolongada durante la colonización de ambientes terrestres.
Los investigadores sostienen que la pérdida progresiva de los apéndices abdominales fue una innovación clave para la adaptación a tierra firme. También señalan que la presencia de un ovipositor muestra que los insectos tempranos ya tenían estrategias diversas de puesta de huevos, una condición que más tarde habría favorecido su expansión en microhábitats terrestres.