18 de abril del 2021

Era feliz y no lo sabía

Desde muy pequeña soñaba con ser grande, independizarme, tener mi carro a los 18 años y viajar por el mundo, pues a los cinco años veía esa edad como alguien muy mayor y que podía hacer lo que quería… Pero que pensamiento tan tierno tenía en ese entonces, ahora tengo 22 años y veo que todo es diferente, no es tan inocente y fácil como lo pensaba.

Era feliz y no lo sabía. Desde muy pequeña soñaba con ser grande, independizarme, tener mi carro a los 18 años y viajar por el mundo, pues a los cinco años veía esa edad como alguien muy mayor y que podía hacer lo que quería… Pero que pensamiento tan tierno tenía en ese entonces, ahora tengo 22 años y veo que todo es diferente, no es tan inocente y fácil como lo pensaba.

Mientras pensaba ese tipo de cosas recuerdo que mantenía jugando con las barbies con mis amigas, cada uno se metía en el papel donde estaba la modelo, la bailarina, la doctora, la profesora y la madre comunitaria (son las que cuidan a los niños en los jardines). Así nos divertíamos todos los días, comiendo mango que caían de los palos de la vecina, además, papaya que la tumbamos con un palo en el solar de mi casa.

Todas compartíamos la comida que nos daban y nos sentábamos en la calle a jugar a la cocina, donde a veces poníamos hojas de árboles y hacíamos como si estuviéramos comiendo, hasta nos saboreamos sin tener nada en el traste, pero era la inocencia que la disfrutábamos tanto que no nos importaba.

En la noche cada una de nosotras recogíamos el tumulto de juguetes que hacíamos en la calle o en la sala de mi casa, pero hasta ahí no terminaban las energías, salíamos a jugar ponchado, chucha, yeimi, escondidijo, el gato y el ratón y saltar la cuerda. La cuadra se llenaba hasta con niños de otros sectores por el escándalo que hacíamos y los gritos que pegábamos al disfrutar tanto los juegos.

En ese entonces la tecnología no tenía invadida la vida de los seres humanos, la mayoría no le prestaba atención a los celulares, el único aparato tecnológico era el atari, donde sí sufrimos al jugar cualquier batalla, además, el único celular que teníamos era el de juguete donde se le apretaba una tecla y sonaba una canción, sin embargo, el mayor entretenimiento era jugar con los muñecos y los juegos callejeros, allí terminábamos a las 8:00 p.m. sudados y pegajosos de tanto correr.

Era feliz y no lo sabía

En mi cuadra que es el sector La Palma, una cuadra arriba de la 40 en Sabanalarga, vivía el director de la Casa de la Cultura, él era muy apasionado por los reinados, por lo que nos invitaba a todas las niñas que vivíamos ahí para que participáramos, la bomba se regaba por todo el pueblo, él nos preparaba para modelar frente al público que teníamos que decir y hacer en el momento de la pasarela.

Duraba tres días en el que se dividía en el traje deportivo, traje de fantasía y finalmente el de gala. Desde un mes antes nos preguntaba cómo queríamos nuestros trajes y en la tarde nos sentábamos a plasmar como queríamos relucir, la cuadra se llenaba para apoyarnos, gritaban nuestros nombres, pero sobre todo nos hacían sentir que era para divertirnos y no una competencia, nadie sobre salía más que otra, antes nos apoyábamos sin importar el resultado.

Hoy en día han pasado tantos años desde aquellas épocas en la que era feliz sin tener nada y no lo sabía, en la que me imaginaba una vida exitosa que solo existía en mi mundo, donde quería ser grande sin saber que el mejor tiempo era cuando estaba pequeña, donde la única preocupación era terminar la tarea rápido para salir a jugar.

Menos mal me tocó la etapa en la que se disfrutaba jugar hasta con tierra, ahora, los niños no disfrutan por estar pegados a los celulares o computadores, eso lo observo en cada sector donde están reunidos, pero a la vez alejados de este mundo, pues son viendo Facebook o jugando Free Fire.

No saben que es jugar ponchado o correr por las calles para que no los encuentren. No saben la maravilla que es subirse al palo de mango o de guayaba y que le estén gritando “bájese de ahí que parece un mico no ve que se cae y se quiebra un pie”.

Así mismo, como regar todos los juguetes de las bolsas y al momento de recoger ver esa pereza de todos y la mamá en la puerta esperando a que se dejara todo organizado. Lo más lindo de la vida es vivir de una buena manera cada etapa, ya que quedan los buenos recuerdos y experiencias que estarán marcados de por vida, donde se contará de generación en generación.

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<H2><a href="https://www.antioquiacritica.com/author/ingridac/" target="_self">Ingrid Barbarán</a></H2>

Ingrid Barbarán

Comunicadora social y periodista. Apasionada por investigar y mostrar la realidad.

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