12 de septiembre del 2022

El colegio ideal

Hace algunos años, compartí un blog donde definía lo que pensaba sobre lo que debería ser el  colegio ideal.

Hace algunos años, compartí un blog donde definía lo que pensaba sobre lo que debería ser el  colegio ideal. Curiosamente en estos años, es poco lo que nuestro sistema educativo ha cambiado y aún seguimos hablando y definiendo, desde supuestos y “egos pedagógicos”, lo que creemos que es calidad educativa y las diferentes variables e intersecciones que tienen que darse para que esta se dé. Cada día aparecen más investigaciones, se escriben y publican muchos más libros, se citan más autores pedagógicos, se plagian sutilmente propuestas, se articulan proyectos propios a experiencias externas y se continúan (después de pandemia parece que el tema aumento) con un sinfín de talleres buscando esas mejoras que permitan estar mejor ubicados en el ranking de las diferentes pruebas que se aplican y dinamizar mejor los planes de mejoramiento institucionales. 

En estas últimas semanas he tenido la posibilidad, por temas laborales, de visitar y dialogar con los directivos-docentes de 20 instituciones educativas de Barranquilla y Cartagena, algunas del casco urbano, otras de corregimientos y varias insulares, reconociendo de una u otra forma, las realidades de estas y el pensamiento de esos docentes que lideran o buscan que pase algo en sus colegios, a partir de realidades tan distantes, aunque cultural y geográficamente conformen un mismos territorio. Esto me ha llevado a que nuevamente ronde en mi cabeza, después de los vivido con la pandemia, conociendo de primera mano lo que está pasando al interior de estas escuelas y repensando (un educador no es que deje de creer en lo que trabaja, porque no esté de acuerdo con todo lo que pasa) en este momento de nuestra historia, como sería el colegio ideal.

Para esto, voy a definirlo desde 6 cosas que deben ser los pilares de una institución educativa escolar:

 

  1. Aunque todos tenemos claro, que el centro de todo proceso educativo es el estudiante, muchas veces olvidamos que el colegio, no solamente como espacio físico, es importante y su papel protagónico es sumamente relevante. Sí algo bueno nos ha dejado la pandemia, es la re-significación de la escuela física, como el espacio de encuentro, de construcción y transformación de vidas, de contar y producir historias, de rutinas, de gente que interactúa, de aulas con particularidades, de zonas verdes, de mascotas, de retos, de emisora, biblioteca, de canchas y de amigos, esa es la esencia, en sí, del colegio. Es decir, que el colegio ideal debe preocuparse por garantizar, desde sus limitaciones y problemas, que al interior de esas cuatro paredes pasen cosas que enseñen para la vida.
  2. Me mantengo en aquello que para que el colegio sea ideal, debe tener “actitud de escuela”, es decir, ese lugar donde preguntar y cuestionar, sea válido (voz del estudiante); donde siempre se busque superar cualquiera de los retos y pruebas que se presentan a diario;  donde la provocación y el “encarrete” sea el pilar que sostiene el aprendizaje,  donde las  estrategias se centren en la humanidad, ya que cada miembro es único e irrepetible y donde el contexto y la realidad sea el recurso primario para todo lo que se realicé.
  3. Un lugar cuidador,  no solamente de los estudiantes y de los espacios, sino también de los  maestros, porque a ellos hay que cuidarlos, dándoles el verdadero reconocimiento y valor que  tienen, formándolos en temas que realmente les interesen, que les aporte para su práctica y que les brinde herramientas que les permitan dinamizar sus procesos, implementando estrategias didácticas que conecten los contenidos con lo que se enseña en la escuela.
  4. El colegio ideal, debe fortalecer los procesos de aprendizaje orientados al desarrollo de habilidades para resolver problemas, al diseño de iniciativas, la capacidad de autodeterminación, autorregulación y la potencialidad de realizar actividades que incentiven la búsqueda e implementación de soluciones creativas. Es decir, un espacio donde los estudiantes desaprendan y aprendan a aprender.
  5. El colegio ideal no está casado, ni cazado con un modelo o estrategia, al contrario, es un espacio donde convergen muchas  posibilidades pedagógicas, donde se pueda asegurar la generación de comunidades de aprendizaje interdisciplinares que permiten reducir la fragmentación del conocimiento. 
  6. Por último, debe cimentar las bases del trabajo colaborativo, ya que, de acuerdo a la experiencia, no toda actividad grupal constituye un verdadero trabajo colaborativo, generando las condiciones para que se alcancen las metas de aprendizaje desde el desarrollo de una cultura colaborativa, aprovechando el poder social del aprendizaje.  Esto hará que, por un lado, los docentes aprendan unos de otros, integren ideas y, por otro, que los estudiantes comprendan que desde las diferencias y los talentos de cada persona se cruzan diversas enseñanzas, cuyos aprendizajes son puestos en práctica en el día a día.  

Estoy seguro que alguno de los lectores pensarán, que son acciones mínimas y que no hablan de calidad, pero si se detienen un minuto y hacen una reflexión, van a entender que la calidad depende de muchas variables, de prácticas efectivas y significativas, de aulas vivas, de interacciones y diferencias que son la oportunidad de apropiar herramientas para la vida, que incidan en el desarrollo y potenciación para la formación de un ser integro en valores y saberes bases de su futuro y desarrollo en la sociedad.

*Las opiniones expresadas en esta columna son responsabilidad estricta del auto y son simples reflexiones desde una experiencia de vida.

<H2><a href="https://www.antioquiacritica.com/author/alvarodriguezdiaz/" target="_self">Alvaro Rodriguez</a></H2>

Alvaro Rodriguez

Columnista de opinión, Diseñador de Experiencias Pedagógicas

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