7 de marzo del 2021

Volver a comenzar de cero

“A uno le toca acostumbrarse a la violencia de este país” así dijo aquella mujer de estatura 1.65, cabello corto, piel morena y con arrugas alrededor de los ojos que resaltaban las rayas de la vida y el cansancio de sus años de trabajo.

“A uno le toca acostumbrarse a la violencia de este país” así dijo aquella mujer de estatura 1.65, cabello corto, piel morena y con arrugas alrededor de los ojos que resaltaban las rayas de la vida y el cansancio de sus años de trabajo.

El sonido de los pájaros y las gallinas le hacen acordar a Ángela Gutiérrez de 40 años atrás donde vivía con su familia y vivían de la agricultura. Ella se levantaba a las 3:30 a.m. para hacerle la comida a su esposo, Heriberto Ceballos, y empacarla en una coca azul. Los frijoles no podían faltar como toda persona antioqueña, ellos se fueron en busca de nuevas oportunidades para la subregión de Urabá, especialmente para el municipio de Apartadó.

A ella no le importaba sacrificar su trabajo por irse con su esposo que tanto adora, sin embargo, cuando llegó al municipio no todo fue cómo lo esperaba. “Mis vecinos iban a pedirme comida y les daba, pero en la noche llegaba una gente rara a hablar con mi esposo”, expresó Ángela, mientras miraba para el árbol recordando aquella época.  Heriberto no le quería a decir a Ángela lo que estaba sucediendo en el momento.

Solo notaba la cara de preocupación de su esposo, las noches eran en vela, ella solo podía sentir como se movía de lado a lado de su pequeña cama, pues estaban comenzando de cero, donde solo contaban con cinco platos de plástico en el que comían sus tres hijos, ella y su compañero, dos camas, una repisa, un espejo y dos sillas.

“Era muy poco lo que teníamos, pero en familia todo es mejor cómo dicen por ahí”, indicó Ángela, riéndose al hablar de ese momento. Ella seguía muy preocupada como estaba su esposo pues antes no había sucedido eso, pero la incertidumbre se apoderaba, su corazón no le indicaba que era algo bueno.

En esa noche, estaba haciendo una luna llena que iluminaba todo el pueblo cuando sintió como tocaban la puerta de duro que hasta se movía y gritaban “Señor, señor, señor habrá la hijueputa puerta no se haga el marica”, ella preocupada salió.

  • Buenas noches, ¿Qué necesitan?
  • Señora, necesitamos que salga su esposo.
  • ¿Para qué?
  • Deje de ser metida, es con él.
  • Yo también tengo derecho a saber lo que está pasando.
  • Él tiene que pagarnos hoy una cuota, venimos por ella.
  • ¿Qué es?
  • Eso a usted no le importa.

Heriberto, salió en pantaloneta y camiseta mientras les dijo a sus hijos que se metieran debajo de la cama y que por nada del mundo fueran a pasar de la habitación. Ellos, solo mostraban una parte del arma para intimidar, Ángela mientras tanto se entró prendió una vela y se puso a rezar. “Ya no me estaba gustando esto, se creían los reyes del lugar y uno tenía que acceder, solo pensaba en mis hijos y que no nos pasara nada” dijo ella. Su esposo muy preocupado entro y le dijo lo que estaba sucediendo y quienes eran, se trataba de las Farc, un grupo armado delincuencial que se había tomado el municipio para comenzar con una guerra sin límites en el Urabá antioqueño.

Este grupo iba para que Heriberto le entregara ‘la vacuna’ cómo el dicen en el departamento, por el simple hecho de ser un agricultor y que le estuviera yendo muy bien. A Ángela, la preocupación se apoderaba de ella y le decía a su esposo que se negara a hacerlo, ya que estaban ahorrando para comprar más cosas de la casa, pero con esta decisión no sabían lo que se les venía encima que volviera a cambiar sus vidas de una forma muy drástica.

Ese día estaba muy gris, no se veía los pájaros en el cielo y ella se despertó preocupada sin saber el motivo. “Algo presentía que iba a pasar, pero no sabía qué, fue un día sin ánimos, donde estaba haciendo frío, pero no estaba lloviendo, por ahí dicen que depende cómo esté el día sucederá algo”, expresó Ángela, con sus ojos aguados al llegar a el momento doloroso.

Eran las 7:00 p.m. y ella estaba haciendo la comida para su esposo, pero le parecía raro no hubiera llegado, sin embargo, siguió dándole comida a sus hijos, pero dos horas después, su corazón estaba acelerado indicándole que no estaba algo bien, se puso unos tenis y salió a buscar a su esposo en el trabajo. “Cada que me acercaba tenía el corazón a mil, sentía que había pasado algo, ya que no era raro que se demorara tanto” Ángela comenzó a buscar a su esposo, pero en la mitad del terreno se encontraba su esposo tirado lleno de sangre y sin dedos y un cartel que decía “aquí quedó tu plata” ella se tiró al piso gritando “no… por qué te hicieron esto” así se quedó llorando sobre su cuerpo por una hora.

Hasta que llegó un señor y llamó a la policía para el levantamiento del cuerpo, mientras que ella solo lloraba, pensaba en sus hijos y cómo les iba a contar está noticia. Llegó a la casa gritando, pero las malas noticias no paraban, tocaron la puerta duro y ella sabía quién era, la abrió y ellos le dijeron que se tenía que ir del pueblo antes de las 10 a.m. sin llevarse a su esposo.

  • ¿Por qué me están haciendo esto? Me dejaron sin esposo y ahora quieren que me vaya sin él.
  • Solo tiene ese tiempo o quiere que sus hijos también queden como su papá.
  • No, solo tengan compasión, no tengo nada, estoy con tres hijos e irme así.
  • ¡A nosotros que nos importa!

Ella empacó sus cosas llena de dolor, pues no sabía donde iba a quedar su esposo, pero a las 5 a.m. iba para la terminar e irse para Medellín, mientras iba en el bus llorando recordaba a su esposo, pues si se quedaba sus hijos corrían peligro. Llegar a una ciudad y empezar de cero fue su pensamiento, hoy en día, Ángela tiene 70 años y sigue sin saber la tumba de su esposo, pero todos los días le prende una vela, aunque su cuerpo no este presente ella lo recuerda en sus pensamientos.

“Y me tocó comenzar de nuevo, sin saber cómo iban a comer mis hijos, pero algo me tenía que inventar, la violencia y el desplazamiento han permanecido en Antioquia por mucho tiempo, lastimosamente fui una de las víctimas, pero aquí estoy, saqué a mis hijos adelante”, expresó ella con una lagrima en sus ojos.

Así como Ángela, muchas familias antioqueñas han pasado por este tipo de cosas que les da un giro de 180°, pero han salido adelante sin importar las circunstancias. Hoy, aún siguen vigentes los grupos armados aterrorizando la comunidad, que solo espera un gran cambio ante esta situación.

<H2><a href="https://www.antioquiacritica.com/author/ingridac/" target="_self">Ingrid Barbarán</a></H2>

Ingrid Barbarán

Comunicadora social y periodista. Apasionada por investigar y mostrar la realidad.

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