No a la privatización de la FLA: lo público como garantía de bienestar
En medio de los debates que hoy atraviesan al país sobre el manejo de sus activos estratégicos, la Fábrica de Licores de Antioquia (FLA) vuelve al centro de la discusión pública. Y no es para menos. Esta empresa no solo representa una tradición industrial y cultural en Antioquia, sino que encarna una de las experiencias más claras de cómo lo público puede traducirse en bienestar tangible para la ciudadanía. Reducirla a una cifra en un balance financiero es desconocer su papel histórico en la construcción de equidad en el territorio.
Durante décadas, la FLA ha sido un soporte silencioso, pero fundamental, para sectores tan sensibles como la salud y la educación. Sus transferencias han permitido financiar hospitales, fortalecer programas de atención primaria, apoyar procesos educativos y sostener iniciativas sociales que difícilmente podrían depender exclusivamente del presupuesto ordinario. En otras palabras, cada producto que sale de la FLA también representa una inversión directa en el bienestar colectivo.
Por ello, plantear su privatización implica abrir un debate que va mucho más allá de la eficiencia económica
Supone preguntarse qué modelo de desarrollo se quiere consolidar: uno en el que los recursos estratégicos continúan al servicio del interés colectivo, o uno en el que estos pasan a responder a dinámicas de rentabilidad privada. La experiencia comparada ha demostrado que, cuando activos de este tipo se privatizan, el flujo de recursos hacia lo público tiende a disminuir o, en el mejor de los casos, a volverse incierto.
La lógica del mercado, si bien es relevante en múltiples ámbitos, no siempre es compatible con la garantía de derechos. Una empresa privada tiene como objetivo central maximizar sus utilidades, lo cual es legítimo dentro de su naturaleza. Sin embargo, cuando se trata de activos que históricamente han financiado derechos fundamentales, esa lógica puede entrar en tensión con las necesidades sociales. En el caso de la FLA, el riesgo es evidente: los recursos que hoy fortalecen hospitales y escuelas podrían terminar priorizando dividendos para accionistas.
Convertir un activo público en negocio privado pone en riesgo la financiación de derechos fundamentales.
En este contexto, resulta relevante destacar la trayectoria del Jaime Cano, quien durante cinco periodos como diputado de Antioquia lideró una defensa constante de la FLA frente a intentos de debilitamiento o privatización. Su papel fue determinante: desde la Asamblea Departamental impulsó debates, ejerció control político y promovió la protección de esta empresa como un activo estratégico del territorio. Hoy, ya electo como representante a la Cámara, mantiene esa postura, insistiendo en que defender la FLA es, en esencia, defender los derechos de la ciudadanía.

FLA es una discusión sobre el tipo de sociedad que se quiere construir
Más allá de los liderazgos políticos, la defensa de la FLA también interpela a la ciudadanía. En un contexto donde con frecuencia se cuestiona la eficiencia de lo público, este caso ofrece un ejemplo distinto: una empresa que ha logrado mantenerse competitiva y, al mismo tiempo, cumplir una función social de alto impacto. Esto obliga a replantear ciertos prejuicios y a reconocer que la solución no pasa necesariamente por privatizar, sino por fortalecer la gestión, la transparencia y la innovación dentro de lo público.
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Defender la FLA no significa desconocer los retos que enfrenta
Como cualquier empresa, necesita adaptarse a los cambios del mercado, modernizar sus procesos y responder a nuevas dinámicas de consumo. Sin embargo, estos desafíos no justifican su privatización. Por el contrario, representan una oportunidad para impulsar reformas que la hagan más eficiente sin sacrificar su naturaleza pública ni su aporte social.
También es clave considerar el impacto territorial de una decisión de este tipo. Antioquia ha construido parte de su modelo de desarrollo apoyándose en instituciones sólidas que generan recursos propios, y la FLA es una de ellas. Renunciar a este activo sería, en muchos sentidos, debilitar la capacidad del departamento para planificar su futuro con autonomía. En tiempos en que se insiste en la descentralización y el fortalecimiento regional, una decisión como esta resultaría contradictoria.
Decir no a la privatización de la FLA es, entonces, una postura que combina razones económicas, sociales y políticas. Es reconocer que existen activos cuyo valor no puede medirse únicamente en términos de mercado, sino en función de su impacto en la vida de las personas. Es entender que la salud y la educación requieren fuentes de financiación estables y sostenidas en el tiempo, y que la FLA ha sido, precisamente, una de esas fuentes.
En definitiva, la discusión sobre la FLA es una discusión sobre el tipo de sociedad que se quiere construir: una en la que lo público se debilita progresivamente, o una en la que se protege y se fortalece como herramienta para garantizar derechos. Defender la Fábrica de Licores de Antioquia es defender la posibilidad de que Antioquia siga invirtiendo en su gente, reduciendo brechas y construyendo un futuro más equitativo.
Decir no a la privatización no es solo una consigna: es una decisión consciente de proteger la salud, la educación y el bienestar de millones de ciudadanos. Es, en últimas, una apuesta por el interés colectivo y por un modelo de desarrollo que no deje a nadie atrás.














