En un escenario político donde la representación femenina ha crecido en cifras pero no siempre en resultados concretos, la discusión de fondo no es solo cuántas mujeres ocupan curules, sino quiénes están defendiendo con eficacia sus causas. Esa es la paradoja que hoy plantea Héctor Olimpo, aspirante al Senado por el Partido Liberal Colombiano con el número L8.
Su propuesta parte de una afirmación directa: la igualdad no se decreta, se legisla. Y para legislar con impacto se requiere algo más que discursos conmemorativos. Se necesita una agenda estructural que reconozca el peso real de las mujeres en la vida social y económica del país.
En Colombia, una proporción significativa del liderazgo barrial y comunitario está en manos de mujeres. Son ellas quienes coordinan redes solidarias, gestionan ayudas, cuidan a niños, adultos mayores y personas en condición de discapacidad. Sin embargo, esa responsabilidad social no tiene reconocimiento económico ni respaldo institucional suficiente. El trabajo de cuidado sigue siendo invisible en el presupuesto nacional y marginal en la política pública.
Héctor Olimpo ha decidido asumir una bandera que podría parecer incómoda para algunos sectores: ser en el Senado una voz firme en defensa de las mujeres, no desde la sustitución de su liderazgo, sino desde la corresponsabilidad política. Su planteamiento es claro: la causa de las mujeres no es un asunto exclusivo de mujeres; es una deuda estructural del Estado.
La crítica que recorre múltiples territorios es conocida: muchas mujeres sienten que quienes hoy ocupan espacios en el Congreso no siempre logran traducir sus problemáticas cotidianas en transformaciones normativas efectivas. Persisten la brecha salarial, la desprotección frente a la violencia y la ausencia de una política integral de cuidado que garantice ingresos y seguridad social para quienes sostienen hogares completos.
La apuesta de L8 se centra en tres frentes estratégicos:
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Impulsar una política nacional de economía del cuidado con reconocimiento económico real.
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Fortalecer los mecanismos de protección y respuesta frente a la violencia y el acoso.
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Garantizar condiciones laborales equitativas y cierre efectivo de la brecha salarial
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El argumento de fondo no es retórico. Héctor Olimpo sostiene que representar no es hablar por encima, sino trabajar en conjunto. Su propuesta incluye construir agenda legislativa articulada con congresistas mujeres, lideresas comunitarias y organizaciones sociales, entendiendo que la representación sustantiva exige alianzas, no protagonismos individuales.
La credibilidad de esta apuesta descansa en un principio político elemental: la justicia de género no es una concesión, es un imperativo democrático. Que un hombre asuma públicamente esa causa no debería verse como una contradicción, sino como un síntoma de madurez institucional, siempre que su compromiso se traduzca en resultados verificables.
En un país donde el 8 de marzo suele reducirse a declaraciones simbólicas, la pregunta que quedará sobre la mesa es si el Senado puede convertirse en un espacio donde las mujeres no solo estén representadas, sino efectivamente defendidas.
Héctor Olimpo afirma que quiere asumir esa responsabilidad. El electorado decidirá si esa voz logra convertirse en acción legislativa real.















